La interrupción de la conexión vial entre los barrios Manorá y Santo Domingo ha generado un caos significativo en la circulación de vehículos, debido a los prolongados trabajos de desagüe pluvial que se llevan a cabo en la cuenca de Santo Domingo. Este proyecto, que se había prometido desde la administración del exintendente Óscar «Nenecho» Rodríguez, sigue avanzando lentamente bajo la gestión de su sucesor, Luis Bello, con recursos provenientes de los bonos G8.

El estado de las obras ha provocado que la calle Nuestra Señora del Carmen, que conecta ambos barrios, permanezca cerrada en un tramo crítico. Esta situación ha convertido el tráfico en un verdadero laberinto, obligando a los conductores a realizar maniobras peligrosas en un escenario de congestión. La falta de planificación adecuada se suma al malestar diario de la población que depende de esta arteria para movilizarse.
Remodelaciones insuficientes en la avenida Roa Bastos
A pesar de las recientes intervenciones en la avenida Augusto Roa Bastos, donde se aplicó una nueva capa de asfalto, la calidad del trabajo ha sido cuestionada. Los automovilistas se quejan de que estas mejoras superficiales no abordan los problemas subyacentes del proyecto, que incluye un entorno deteriorado, con cloacas abiertas y escombros acumulados.

La alternativa de desvío, calle Presbítero Román, se encuentra en condiciones deplorables, con baches en su recorrido y tramos que ni siquiera están asfaltados. Esto ha llevado a los residentes y comerciantes a un estado de desesperación, ya que las opciones de tránsito son prácticamente inexistentes, complicando la vida diaria en la zona.
Un año de retrasos por complicaciones climáticas y mala gestión
Con más de un año desde el inicio de la obra, el malestar entre los vecinos crece. Los retrasos han generado un impacto severo en el comercio local, que ve una caída de clientes debido a las condiciones adversas. Las intensas lluvias han exacerbado la situación, provocando el desgaste de las estructuras en construcción y prolongando la incertidumbre sobre la finalización del proyecto.

Los problemas de gestión han sido evidentes, con el desvío de fondos destinados a obras que debían ir a mejorar la infraestructura y que terminaron cubriendo gastos operativos. Esta situación ha dejado a la ciudad lidiando con una creciente deuda pública, poniendo en riesgo la capacidad del gobierno local para brindar servicios adecuados, mientras los ciudadanos enfrentan la amenaza de futuras obras que podrían replicar las dificultades actuales.



