Amambay: Un paso hacia la creación de la Universidad Nacional de Amambay
Por Osvaldo Cesar Paniagua Balbuena – Columnista
En la ciudad de Pedro Juan Caballero, en el norte de Paraguay, un grupo de aproximadamente 20 profesionales se ha embarcado en una misión histórica: establecer la Universidad Nacional de Amambay (UNAM). Este esfuerzo no es un mero deseo académico, sino una respuesta a la urgente necesidad de acceso a la educación superior para jóvenes que enfrentan limitaciones económicas. La falta de opciones asequibles ha dejado a muchos sin la posibilidad de acceder a la educación que merecen.
Los miembros de la Asociación de Profesionales para el Desarrollo del Departamento de Amambay han tomado la iniciativa que muchos en posiciones de liderazgo han eludido. Este grupo ha estado trabajando incansablemente para gestionar recursos, buscar apoyo y superar la indiferencia que a menudo rodea a causas como esta. En su camino, han encontrado respaldo en la comunidad, incluyendo a sectores productivos y al alcalde local, quienes han reconocido la importancia de este proyecto para el desarrollo social de la región.
El predio destinado para el futuro rectorado ya está en proceso de refacción, gracias a la colaboración del Ministerio de Educación y Ciencias, que ha cedido el espacio. Cada ladrillo que se coloca representa un rayo de esperanza para las familias de la región, quienes ven en esta universidad una oportunidad para transformar sus vidas y las de sus hijos. Sin embargo, a pesar de este avance, los organizadores se enfrentan a la apatía de algunos líderes locales que deberían estar al frente de esta cruzada educativa.
La falta de interés de ciertos representantes en la creación de la UNAM genera inquietud en la comunidad. Muchos se preguntan si las autoridades elegidas para defender sus intereses realmente priorizan el bienestar del pueblo. En un entorno donde la educación puede ser la clave para el progreso, esta indiferencia es aún más desconcertante. La ausencia de apoyo de quienes tienen el deber de liderar estas iniciativas plantea dudas sobre su compromiso con las necesidades reales de la población.
Adicionalmente, algunos representantes parecen haber confundido su papel público con uno de protagonismo personal. En lugar de colaborar con la Asociación de Profesionales, optan por actitudes que van en contra del espíritu de servicio que debería caracterizarlos. Esta desconexión es alarmante, especialmente cuando los esfuerzos para crear la universidad han sido financiados en su mayoría por los propios profesionales, los cuales han demostrado un compromiso que debería ser imitado por sus representantes.
A pesar de los obstáculos, la esperanza persiste. La iniciativa ha logrado avances significativos, incluyendo la aprobación de la ANEAES y la consideración en el CONES. Las conversaciones con legisladores en Asunción han comenzado a mostrar una mayor receptividad hacia esta causa. La comunidad de Amambay clama por un cambio en la narrativa, exigiendo más acción y menos palabras vacías, ya que la educación superior es un pilar fundamental para el crecimiento y la dignidad de su pueblo.


