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Tras varios años de tensión, el encuentro de este viernes entre los presidentes Joe Biden y Luiz Inácio Lula da Silva en la Casa Blanca es visto como un “reinicio” de las relaciones entre Brasil y Estado Unidos, las dos economías más grandes de la región que estuvieron marcadas por los polémicos mandatos de Donald Trump y Jair Bolsonaro.

(Lea aquí: Bolsonaro pide una visa de seis meses para quedarse en EE. UU.)

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Lula arribó a Washington tan solo un mes después de que simpatizantes de su antecesor se tomaron a la fuerza varias instituciones en Brasilia, entre ellas el Palacio Presidencial y el Congreso, para tratar de impedir su ascenso al poder tras su victoria en las presidenciales.

(Vea también: Biden prepara medidas que cerrarán puertas a migrantes colombianos sin papeles)

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Un escenario bien conocido para Biden luego de que el 6 enero del 2021 una turba de trumpistas se tomó el Capitolio pretendiendo impedir la certificación electoral que le daba el triunfo.

Desde la llegada del líder demócrata a la Casa Blanca, su relación con el gobierno de Bolsonaro fue prácticamente inexistente, al punto de que el presidente brasileño tardó meses en felicitar a Biden por su victoria, sin dejar de romper su estrecha relación con el expresidente Trump, a quien considera un aliado ideológico.

Los simpatizantes de Bolsonaro copiaron el modelo de los de Trump intentando revertir el resultado de las elecciones a través de medios antidemocráticos.

“El romance entre Trump y Bolsonaro acercó más a ambos países, pero desde otra perspectiva. Sin ninguno de los dos en el poder, ahora lo que tenemos es a dos líderes (Biden y Lula) que también tienen mucho en común porque ambos sobrevivieron a las amenazas de una extrema derecha que consideró hasta la insurrección para permanecer en el poder”, afirma Brian Winter, experto en Brasil de América Quarterly.

Esa una de las razones por las que Biden se tardó escasos segundos en llamar al líder de izquierda brasileño para felicitarlo y ofrecerle una visita a la Casa Blanca en tiempo récord, a diferencia de otros líderes de América Latina que llevan meses en cola para lograr tener una audiencia en Washington.

Gustavo Petro, por ejemplo, que se posesionó en agosto del año pasado y aún no ha podido concretar su visita a la capital estadounidense, pese a que Colombia es considerado el principal aliado de Estados Unidos en la región.

En ese sentido, el objetivo del viaje de Lula es mucho más simbólico que sustancial. Como dice Winter, su eje es resaltar las bondades de la democracia y la importancia de defender las instituciones de este tipo de tendencias autocráticas.

Para Eduard Porter, que escribe sobre temas económicos y hemisféricos en Bloomberg y el Washington Post, la visita también respondió a otros propósitos.

Joe Biden recibió en Washington a Lula da Silva.

“En gran parte, los problemas que acaba de vivir Brasil, con la insurrección del mes pasado, emanan de lo que sucedió en EE. UU. en 2021. Los simpatizantes de Bolsonaro copiaron el modelo de los de Trump intentando revertir el resultado de las elecciones a través de medios antidemocráticos. La invitación ‘exprés’ a Lula, en ese contexto, está más que justificada siendo una admisión de la responsabilidad de EE. UU. en todo el intento de golpe de Estado en Brasil. Al mismo tiempo, el rápido amparo a Lula de Biden es un mensaje a las fuerzas militares brasileñas de que Washington los respalda firmemente y que una ruptura democrática no sería tolerada”, afirma Porter.

Eso sin contar las muchas cosas que Biden y Lula tienen en común más allá de la defensa de la democracia.

Se conocen desde la época de cuando el inquilino de la Casa Blanca era el vicepresidente de Barack Obama (2008- 2016) y desde entonces desarrollaron una estrecha amistad.

Eso sumado a que, aunque a Biden no se le puede considerar un líder de izquierda, como demócrata maneja un agenda que va en sintonía con las prioridades de Lula, en particular en lo que se refiere al cambio climático y a la defensa de la Amazonía. Temas que hacen parte de su agenda en la capital estadounidense.

No obstante, los líderes también tienen puntos en los que difieren. Lula, por ejemplo, cree que tanto Rusia como Ucrania tienen responsabilidad en la guerra, mientras que para Biden es claro que Vladimir Putin es el agresor y quien debe ser castigado.

Sombras políticas

De otro lado, tanto la sombra de Bolsonaro como la de Trump estuvieron presentes en el encuentro.

El expresidente brasileño, que aún sigue sin aceptar su derrota a pesar de permitir el traspaso de poder, llegó a EE. UU. el pasado 30 de diciembre y se encuentra radicado en Florida, donde también tiene residencia el líder republicano. Y se especula que su intención es permanecer en EE. UU. de manera indefinida. Algo para lo que ya contrató a un abogado migratorio.

En una carta enviada hace algunas semanas a Biden, varias docenas de legisladores demócratas le pidieron al presidente no dar refugio a Bolsonaro en el país.

Aunque en Brasil no existen cargos contra Bolsonaro por su posible rol en la insurrección del 8 de enero ni mucho menos un pedido de extradición, las autoridades investigan.

“No podemos permitir que Bolsonaro y otros funcionarios brasileños se refugien en EE. UU. para escapar de cualquier crimen que hayan cometido mientras estuvieron en el poder. Debemos cooperar plenamente en cualquier investigación en su contra si no lo piden”, decían en la carta los congresistas, entre ellos el colombo-estadounidense Rubén Gallego.

Bolsonaro, por el contrario, ha sido recibido con los brazos abiertos por el trumpismo en Miami. Hace una semana, participó en un evento organizado por Turning Point USA, un grupo de derecha cercano a Trump.

Durante su intervención, fueron recurrentes los gritos de “fraude”, muy al estilo del tono que se maneja en estos grupos desde la victoria de Biden en noviembre del 2020.

No hay duda de que la presencia de Bolsonaro en Estados Unidos es toda una “papa caliente”, tanto para Biden como para Lula, y, según los entendidos, el expresidente hizo parte de la conversación privada de este viernes entre ambos mandatarios

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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