La familia González, originaria del barrio San Isidro en la compañía Cabañas, ha transformado su labor en un emprendimiento destacado tras más de diez años de esfuerzo y aprendizaje continuo. Miguel González, junto a su padre Idalino, inició este proyecto hace más de quince años, concentrándose inicialmente en la producción de plantines de cítricos como medio de subsistencia.
Con el tiempo, su dedicación les ha permitido diversificar su producción, alcanzando hoy en día tanto cítricos injertados como variedades nativas. “Producimos todo tipo de cítricos injertados: naranja, pomelo, limón, kinoto, toronja y mandarina, con sus respectivas variedades”, describió Miguel, resaltando la importancia de este método para obtener plantas más robustas y adaptadas a las necesidades del mercado.
La familia también cultiva cítricos a partir de semillas, conocidos como nativos, que incluyen naranja, mandarina, pomelo y limón. Esta opción resulta más económica, facilitando el acceso a una variedad de clientes, desde productores hasta familias que desean cultivar sus propias frutas en casa.
A lo largo del año, el trabajo en el invernadero continúa sin tregua, con un enfoque especial en la época de injertos, que transcurre entre enero y abril. “En unos seis meses ya contamos con plantas listas para la venta”, destacó Miguel, subrayando la eficiencia de su sistema, lo que les permite mantener una oferta constante que satisface la demanda del mercado.
En el ámbito del cuidado fitosanitario, la familia aplica técnicas específicas para proteger sus cultivos de enfermedades y plagas. “Utilizamos productos para combatir hongos, bacterias e insectos. Es un trabajo constante, porque si la planta está sana, el resultado final también es mejor”, afirma Miguel.

En lo que respecta a precios, los plantines injertados tienen un costo de G. 15.000, mientras que aquellos provenientes de semillas se ofrecen a G. 10.000. Esta diferenciación les permite adaptarse a distintos tipos de clientes, desde productores que buscan mayor rendimiento hasta familias interesadas en el cultivo doméstico.
La buena trayectoria de la familia González también se refleja en su clientela internacional, incluyendo clientes brasileños y alemanes radicados en Paraguay, lo que demuestra la confianza que han logrado construir. La producción de cítricos no solo beneficia a su economía familiar, sino que también promueve el desarrollo rural y la cohesión en la comunidad de Cabañas, estableciendo un ejemplo de cómo la perseverancia puede generar actividades sostenibles y competitivas en el interior del país.



