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Mons. Ismael Rolón: a 110 años del nacimiento de un héroe.

Suspende la procesión de Caacupé

Renuncia al Consejo de Estado por los abusos

Agresión a obispo uruguayo

En cartas de protesta dirigidas a los ministros de Educación, Raúl Peña, y del Interior, Sabino Augusto Montanaro, Rolón calificó de “inaudito y bárbaro el atropello” al obispo auxiliar de Montevideo, monseñor Andrés Rubio, y sacerdotes que le acompañaron. Habían llegado al Paraguay como enviados del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam); sin embargo, “los dignatarios uruguayos fueron violentamente agredidos por una turba” (11 de marzo de 1971).

Tratado de Itaipú

Ante publicaciones periodísticas sobre el Tratado de Itaipú, junto con su presbiterio, apeló a la conciencia lúcida y honrada de quienes en nombre del pueblo deben dar la aprobación a un tratado grávido de consecuencia. “Ni intereses privados ni intereses partidarios han de prevalecer en esta hora nacional” (2 de junio de 1973).

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Suspendió tedeum

Los hechos de Jejuí

Lucha de clases

En la celebración del Tedeum del 15 de mayo de 1975, monseñor Rolón rechazaba la lucha de clases. Decía: “En su accionar evangélico, la Iglesia no puede ni debe amparar la violencia; no admite ni como acción, ni como situación”. “El comunismo con su lucha de clases, su dictadura del proletariado y su pretensión de ideología científica poseedora exclusiva de la verdad, no es aceptado por la Iglesia, porque sus principios y su práctica concreta son contrarios a los valores humanos que ella cultiva y defiende en la comunidad de hombres”.

¿Qué está pasando en el país? cuestionó

Enfrentó a Schreiber

Asiló a Lovera y Casabianca

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En los últimos tiempos de la dictadura, Rolón ofició una misa por la libertad de expresión en la Catedral Metropolitana. El templo estaba rodeado de policías, y cuando terminó la celebración, le llamó la atención la presencia de dos personas sentadas en el banco. Eran Waldino Ramón Lovera y Miguel Ángel González Casabianca, quienes no podían retirarse porque iban a ser aprehendidos por los policías, que ya estaban dentro de la Catedral. Rolón se les acercó a los efectivos y, luego de una soberana reprimenda, logró que salieran del interior, pero seguían en las puertas. Entonces llamó a Lovera y González Casabianca para que se queden en la sacristía. Horas después logró la promesa de Montanaro de que no iban a ser detenidos y se retiraron con sus respectivas escoltas policiales.

Cara a cara con Montanaro

En plena dictadura, un sacerdote fue apresado por la Policía de la Capital a instancia de un presidente de seccional, a quien no se le permitió ser padrino de bautismo por no querer participar del cursillo. Ofuscado Rolón se dirigió al Ministerio del Interior para hablar con Montanaro. Lo recibió un oficial que le ofreció asiento y Rolón le contestó: “dónde está el señor Montanaro” y el oficial le respondió “iré a ver si se encuentra.” Al rato vino el propio Montanaro y quiso ser amable con el obispo: “Qué alegría que estás por aquí Monseñor. Nada menos que el Arzobispo”, le exaltó. Rolón no respondió el alago y directamente le dijo: “por qué usted mandó detener a mi sacerdote”, a lo que Montanaro respondió….”solo hubo un mal entendido querido monseñor, él está libre.”… Rolón le dijo: “Gracias….Hasta luego.”.. Salió de la dependencia ministerial y abordó su auto. Su chofer le preguntó: ¨cómo le fue monseñor” y le contestó: “ary ry y paité” (Temblé todo). Hasta ese momento nadie osaba alzar la voz a Montanaro, pero logró la liberación del sacerdote. En esa época era común la expulsión de sacerdotes hacia Clorinda.

Desafió barrera policial en Clínicas.

Suspendió el Tedeum

En los últimos años de la dictadura ya no celebró el tedeum por la patria en mayo y el que se celebraba en el inicio del mandato presidencial cada cinco años. Este último impasse motivo el enojo del entonces nuncio apostólico George Zur, que a instancia de la cancillería y el ceremonial del Estado, visitó a Rolón para que revea su postura de suspender el tedeum por el inicio de otro periodo de mandato de Stroessner. Rolón le respondió al nuncio que él no va a celebrar el te deum, porque así lo decidió su clero. El nuncio le propuso cambiar de opinión a lo que Rolón insistió en afirmarle que la decisión ya fue tomada y que no va a cambiar de opinión. Seguidamente le agradeció la visita.

Pidió hombres nuevos para el Paraguay

A la caída de la dictadura (2/3 de febrero de 1989), monseñor Rolón reclamó hombres nuevos para el Paraguay. Clasificó en tres categorías al paraguayo:

1. Hombres nuevos: no son santos, pero procuran ser honestos consigo mismos, con los demás y con Dios. Sus ideales, criterios y palabras se adecuan a la realidad y a la verdad. No recurren a la mentira o la violencia para acumular riquezas, ni se hacen cómplices, por ambición o cobardía, en fraudes en perjuicio del pueblo.

2. Hombres viejos: son aquellos adormecidos en la mediocridad…

2.1. Remendados: se acomodan a las circunstancias de tiempo, lugar y personas para salvaguardar sus intereses. Son peligrosos…

2.2. Escombros: son aquellos en quienes nada de decencia, de credibilidad y de honor ha quedado en su haber de persona y ciudadano.

3. Recuperables: sí. Con la gracia de Dios (11 de abril de 1989).

¿Dónde están los millones?, reclamó

Una de las primeras decisiones de la Justicia en la era democrática fue el embargó de bienes por más de 300.000 millones de guaraníes a cuatro personeros del régimen stronista. Rolón decía: “El pueblo quiere saber si esos millones, con sus intereses, serán recuperados; el pueblo quiere saber, en justicia, de quiénes y para quiénes son. El pueblo cree que son para el pueblo, porque son del pueblo y en nombre del pueblo llegaron al país”, (24 de mayo de 1989)

Los excombatientes

Monseñor Rolón fue un gran defensor de los excombatientes. “Dicen que son unos 30.000 excombatientes sobrevivientes. Muchos están internados en instituciones del Estado, bajo un duro régimen militar; los que todavía pueden moverse se quedan en sus ranchos a trabajar, otros prefieren la libertad al encierro, y salen a buscar conchabo en las ciudades, cuidando casas o autos ajenos, como en otro tiempo, hace más de 50 años, vigilaban nuestras fronteras, defendiendo la dignidad y la integridad de la patria. Para muchos de ellos, asilados o libres, la Guerra del Chaco no ha terminado….” (29 de marzo de 1989).

Visitaba a los políticos presos y a sus familiares

Monseñor era sensible con los sufrimientos de los paraguayos, especialmente con los perseguidos políticos. Cuando caían presos de la dictadura, los visitaba en las cárceles. Les llevaba su solidaridad, además de animarlos a seguir luchando por sus ideales. Igual apoyo llevaba a sus familiares, a quienes comprometía su mediación para que sean liberados.

Cátedra de política

Ante las primeras elecciones democráticas luego, de la caída de la dictadura, dijo: “Las autoridades que surjan de libres elecciones son autoridades nacionales, aunque propuestas por un partido triunfador. Aquellas no son servidoras de este; ni el partido es amo del gobierno ni puede atribuirse la potestad de manejarlo a su provecho” (7 de marzo de 1989).

La juventud, el ko´êmbota

Monseñor Rolón tenía una estima muy especial hacia los jóvenes. Decía de ellos: “Suelo comparar la juventud con el amanecer, con el ¡ko´êmbota!; aún no es el pleno día, pero ya lo anuncia: día feliz, día opaco o día infeliz” (9 de junio de 1989).

Desde mi oasis

Una vez conocida la aceptación de su renuncia como arzobispo de Asunción, Mons. Rolón afirmó: “No dejaré de opinar, como ciudadano cristiano y como obispo, y cuando el caso lo exija, tampoco dejaré de denunciar con claridad y franqueza.” Inició así la serie “Desde mi oasis”. Al dejar el cargo, el obispo fue a vivir en el Aspirantado de Ypacaraí, luego aquejado en su salud decidió fijar residencia hasta hoy en la Casa de Reposo de los Salesianos, en el predio de la parroquia Santo Domingo Savio.

Biografía

Ismael Rolón Silvero nació en Caazapá el 24 de enero de 1914. Sus padres fueron Ramón Rolón y Micaela Silvero. Recibió el bautismo de manos de Mons. Juan Sinforiano Bogarín durante una gira pastoral.

En 1927 ingresa en el Seminario Salesiano del Manga (Montevideo, Uruguay). En 1931 es recibido en el noviciado. Su primera profesión en la Congregación de Don Bosco fue el 22 de febrero de 1932. En 1935 fue becado a la Facultad de Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde permaneció hasta 1938. Realizó estudios de Teología en el Instituto Internacional Salesiano de Córdoba.

El 23 de noviembre de 1941 recibió la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Fermín Lafitte, arzobispo de Córdoba. A su retorno al Paraguay, en 1943, ocupó varios cargos en la Congregación Salesiana.

El 2 de agosto de 1960 fue nombrado Prelado Ñullius de Caacupé por bula del papa Juan XXIII, tomando posesión del oficio el 7 de octubre del mismo año.

Por bula del 20 de octubre de 1965, el papa Pablo VI le nombra obispo titular de Forno Mayor y es consagrado el 23 de enero de 1966 en el santuario nacional de la Virgen de Caacupé.

El 16 de junio de 1970 fue promovido como arzobispo de Asunción. Toma posesión el 19 de julio de 1970. Pasó a ser obispo emérito en julio de 1989. Le reemplazó Mons. Felipe Santiago Benítez.

Falleció el 8 de junio de 2020 y sus restos reposan en la Catedral Metropolitana de Asunción.

Una campaña de recolección de firma para que la avenida Costanera Sur lleve su nombre está en marcha. El emprendimiento nació entre los jóvenes de la parroquia María Auxiliadora. El objetivo es que las nuevas generaciones conozcan a este ciudadano ejemplar como sacerdote y obispo que fue clave para la democracia. Habilitaron este link para el efecto:

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