Paraguay muestra un déficit fiscal del 1,5% del PIB como símbolo de su solidez macroeconómica, sin embargo, el Presupuesto 2026 revela un panorama diferente. Este supuesto equilibrio fiscal es más una ficción construida a través de prácticas contables engañosas que de una gestión responsable. La distorsión es tal que se corre el riesgo de desvirtuar la verdadera salud financiera del país, alerta un análisis reciente.

Déficit Oculto
La situación actual de las finanzas públicas paraguayas es el resultado de una acumulación sistemática de deudas no registradas. Entre ellas, se destaca la deuda flotante con proveedores, empresas farmacéuticas y especialmente constructoras viales, que se ha postergado para no afectar el balance fiscal del año. Este mecanismo ha sido utilizado por diversas administraciones como un medio para aparentar un equilibrio que en realidad no existe.
Una Carga Contable
A pesar de la emisión de bonos y la acumulación de recursos, el gobierno ha optado por no pagar sus obligaciones, priorizando una narrativa fiscal que oculta un déficit real sustancialmente mayor al anunciando. Al hacerlo, se generan intereses moratorios que complican aún más la situación fiscal. Las organizaciones afectadas comienzan a alzar la voz, revelando la magnitud de la problemática.
Inflación de Cifras
El nuevo presupuesto ha sido elaborado con una proyección cambiaria inexacta, estableciendo una tasa de G. 7.800 por dólar, que difiere considerablemente del valor del mercado. Esta práctica no sólo ha permitido inflar los ingresos esperados, sino que además ha facilitado un aumento del gasto que el país no puede sustentar realmente, convirtiendo el presupuesto en una herramienta para la distribución política de recursos en lugar de un plan financiero viable.
Consecuencias a Futuro
Las cifras subestimadas han generado tensiones en el sector económico y, aunque la discusión sobre el déficit continuo es crítica, el verdadero problema radica en la falta de transparencia de las cuentas públicas. Si se consideraran las deudas aplazadas, se estima que el déficit real se sitúa entre el 3% y el 4% del PIB. Así, la gestión fiscal enfrenta una encrucijada: mantener la ficción o revelar la verdadera situación financiera del país, cada opción con costos políticos y económicos significativos.
Una disyuntiva actual para la próxima administración es clara: continuar con las distorsiones que amenazan el tejido financiero nacional o iniciar un proceso de sinceramiento que, aunque doloroso, puede prevenir mayores crisis en el futuro. La esencia del dilema fiscal en Paraguay ya no es qué tan alto es el déficit, sino la verdad detrás de las cifras y la sostenibilidad del sistema económico a largo plazo.


