El padre Tomás Sosa, sacerdote franciscano capuchino, hizo un llamado durante la misa dominical en la Basílica de Caacupé para reflexionar sobre las actitudes de egoísmo, soberbia y envidia que, según él, entorpecen la revelación de Dios en nuestras vidas. Su mensaje fue dirigido a la congregación que asistió a la ceremonia de las 07:00.
En su homilía, fray Tomás cuestionó la tendencia de las personas a buscar beneficios personales, sugiriendo que estos comportamientos son visibles en diferentes contextos como el trabajo y la vida comunitaria. «Muchas veces no queremos que el que está a nuestro lado también tenga lo que nosotros tenemos. El egoísmo impide que Dios se revele en nuestras vidas», afirmó. Instó a los asistentes a compartir generosamente los dones y talentos que han recibido.
El sacerdote enfatizó que la verdadera alegría no se mide en bienes materiales o logros superficiales, sino que proviene de una conexión auténtica con Dios. Según explicó, las riquezas son temporales, mientras que la paz que se genera a partir de una relación con el Señor es perdurable, incluso en tiempos difíciles.
Fray Tomás también destacó que esta paz interior es el resultado de una fe auténtica y confianza plena en Dios, invitando a los fieles a cultivar esa relación. De igual manera, mencionó que la alegría que brota de esta fe no depende de las circunstancias externas, sino de la certeza de sentirse amado por Dios.
El sacerdote instó a la congregación a dejar de lado la soberbia y la autosuficiencia, recordando que aceptar la propia pequeñez es un signo de confianza en Dios. En este sentido, motivó a los presentes a seguir el ejemplo de la Virgen María, San Francisco de Asís, San Roque y Chiquitunga, figuras que simbolizan la humildad y el servicio.
A pesar de las bajas temperaturas, muchos feligreses se reunieron en la Basílica de Caacupé, mostrando su compromiso espiritual y la búsqueda de valores fundamentales en su vida cristiana.


