Paraguayos enfrentan frío y espera por transporte insuficiente

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Miles de paraguayos enfrentan cada día la incertidumbre del transporte público, esperando horas a pesar de las bajas temperaturas, mientras las promesas gubernamentales parecen desvanecerse.

En la fría mañana de doce grados en Calle Última, en el cruce entre la avenida Eusebio Ayala y la ruta PY02, cientos de personas aguardan en la vereda. El bullicio de los motores y el constante paso de autobuses abarrotados marcan el inicio de su jornada, donde la llegada de un vehículo que ofrezca un espacio vacío se convierte en una esperanza lejana.

Las unidades que pasan están llenas, revelando estribos desbordados. Las promesas de reformas y controles gubernamentales se sienten vacías en medio de esta realidad. El Ejecutivo y el Viceministerio de Transporte han anunciado la Ley Nº 7617/2026, que incluye la llegada de buses eléctricos y la reducción de operadores, pero la flota ha disminuido drásticamente de 2.400 a 1.400 unidades en los últimos años.

Los gremios empresariales, como Cetrapam, justifican la falta de renovación del servicio por un “descalce financiero” debido a retrasos en el pago de subsidios. Sin embargo, esta justificación no alivia la angustia de los usuarios, quienes enfrentan una espera de entre veinte y treinta minutos, como relata Leticia, una de las pasajeras que observa la avenida con frustración.

Víctor, otro usuario, señala la necesidad de abordar mucho antes para conseguir un asiento. “Es lo mínimo que uno espera para ir a trabajar”, expresa, cuestionando por qué la dignidad en el traslado se convierte en una concesión.

Frente a la ineficiencia del transporte público, algunos recurren a plataformas privadas, asumiendo un costo adicional para evitar quedar expuestos a la intemperie y al colapso del servicio. Carol, una de estas trabajadoras, busca alternativas en su teléfono para llegar a tiempo a su destino.

El flujo de personas en la parada continúa, con algunos corriendo tras unidades que apenas disminuyen la marcha. Mientras las discusiones sobre leyes y subsidios persisten, la movilidad urbana en Calle Última se convierte en una larga, fría y silenciosa espera, reflejando la frustración de miles que claman por soluciones efectivas.

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