Después de los recientes ataques guerrilleros en Cali y Antioquia en Colombia, que resultaron en casi 20 muertos, el gobierno de Paraguay expresó su condena a través de las redes sociales del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Mediante una publicación en su cuenta oficial en X, el gobierno paraguayo expresó su rechazo a los ataques guerrilleros en Cali y Antioquia, que dejaron al menos 18 muertos y 60 heridos entre militares y civiles. Declararon que «el Gobierno de Paraguay lamenta y condena estos ataques terroristas en Colombia, que afectan a inocentes, amenazan el Estado de Derecho y erosionan la democracia».
El jueves pasado, grupos de guerrilleros disidentes de las FARC, que no firmaron el acuerdo de paz de 2016, derribaron un helicóptero y se enfrentaron a la policía usando fusiles y un dron con explosivos, causando la muerte de 12 militares en Antioquia.
Ese mismo día, un camión con explosivos estalló frente a una base aérea en Cali, resultando en seis civiles muertos y más de 60 heridos, según el informe de la Defensoría del Pueblo.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, indicó que el ataque fue una respuesta de los rebeldes a operativos cercanos a cultivos de coca en el Cañón del Micay. La violencia en Colombia se ha intensificado, marcando su peor crisis de seguridad en una década y a un año de las elecciones presidenciales.
Estos ataques se suman al ocurrido el 11 de agosto, donde murió Miguel Uribe, un candidato de la derecha, tras un atentado en Bogotá. Aunque el acuerdo de paz de 2016 trajo tranquilidad, expertos señalan que la falta de presencia del Estado en áreas controladas por las FARC permitió la consolidación de nuevos grupos armados.
Desde su llegada al poder en 2022, el presidente Petro ha intentado negociar con todos los grupos armados, y solo hay avances con el Clan del Golfo en Catar y una pequeña facción del Ejército de Liberación Nacional.
El ataque en Amalfi, Antioquia, fue atribuido a disidencias bajo el mando de alias Calarcá, durante una misión de erradicación de narcocultivos. El ejército nacional desplegó tropas y reforzó la seguridad con artillería y operaciones aéreas.
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, ordenó la militarización de la ciudad y aumentó la vigilancia en sus accesos, responsabilizando del ataque a guerrilleros dirigidos por alias Iván Mordisco.