03 de febrero de 2026 – 14:48
La desidia en el IPS pone en jaque la vida de sus asegurados. El doctor Gustavo Fernández, hermano del viceministro de Transporte, Emiliano Fernández, debió ser derivado a un sanatorio privado ante la inoperatividad de los dos únicos angiógrafos del Hospital Central. José Giménez, director de Electromedicina del IPS, admitió que la institución opera en condiciones precarias por contratos de mantenimiento vencidos y falta de repuestos. Mientras, la crisis ya se cobró una vida y obliga a familias a realizar colectas millonarias.
La situación del Instituto de Previsión Social (IPS) bajo la dirección de Jorge Brítez ha llegado a un estado alarmante, exacerbando no solo el desabastecimiento de medicamentos, sino también la falta de atención médica adecuada. Recientemente, importantes problemas de mantenimiento en equipos médicos han puesto en riesgo la vida de los pacientes, incluyendo a los propios trabajadores de la salud ligados a la institución.
Un ejemplo impactante es el caso del doctor Gustavo Fernández, quien se vio obligado a buscar atención en un sanatorio privado debido a la inoperancia del sistema de salud público. A pesar de ser parte del mismo sistema que debería protegerlo, su familia tuvo que reunir la cifra de G. 50 millones para cubrir el tratamiento tras enterarse de que el angiógrafo, necesario para su intervención cardíaca, estaba fuera de servicio.

La crisis no es aislada; el mismo equipo que Fernández necesitaba, ha sido crucial en otros casos trágicos, como el de Braulio Vázquez, quien perdió la vida tras esperar tres días por un cateterismo que no se realizó por la avería del angiógrafo. Además, otros pacientes como Hermenegildo Ríos enfrentan largas esperas que ponen en peligro sus vidas, acentuando la crítica realidad de la atención en el IPS.
Un patrón de negligencia con desenlaces fatales
José Giménez, director de Electromedicina del IPS, ha reconocido que la institución opera en condiciones desfavorables desde que vencieron sus contratos de mantenimiento el 18 de diciembre. La falta de repuestos y la necesidad de realizar reparaciones por parte de personal no capacitado evidencian la seriedad de la situación en el IPS. “Desde esa fecha, dependemos del soporte interno, lo que limita nuestras capacidades”, afirmó Giménez, visibilizando un problema sistémico que afecta la calidad del servicio.

En los dos angiógrafos que tiene el Hospital Central, uno funciona de manera parcial, mientras el otro permanece inoperativo debido a la falta de repuestos, algo que se ha vuelto un riesgo evidente para la seguridad de los pacientes. Documentos recientes también confirman que hay advertencias sobre la posibilidad de que estos equipos fallen en medio de procedimientos, creando un ambiente de alta preocupación para médicos y pacientes por igual.
Con estas condiciones, los asegurados se ven forzados a contribuir económicamente o incluso arriesgar sus vidas debido a la evidente falta de atención médica que debería ser parte del sistema de salud al que contribuyen. En este contexto, la situación del IPS se presenta como un alerta a nivel nacional sobre la urgencia de una reforma profunda en la atención sanitaria pública.
