Los lomiteros de Paraguay enfrentan una crisis debido al aumento de precios de los productos necesarios para la elaboración de sus populares sandwiches, conocidos como lomitos árabes. A pesar de los incrementos en sus costos de operación, muchos de ellos optan por no ajustar los precios, temiendo perder a sus clientes.
La situación se ha visto afectada por una variedad de factores, entre ellos el incremento del costo del combustible tras el cierre del Estrecho de Ormuz, en el contexto de conflictos en el Medio Oriente. Aunque se prevé cierta estabilización en los precios del combustible gracias a recientes negociaciones de paz, el impacto ya se ha sentido en el mercado local. La carne, uno de los productos más emblemáticos de la dieta paraguaya, ha experimentado una caída en la oferta local, impulsada por las exportaciones que ajustaron sus precios al estándar internacional, lo que ha desabastecido el mercado doméstico y encarecido los productos.
Guido Estigarribia, representante de la Asociación de Lomiteros, declaró que ante el aumento de precios, muchos de ellos han tenido que ajustar sus operaciones, incluso reduciendo personal o cerrando locales. “Los precios están insostenibles, pero no podemos subir el precio. Nuestros clientes ya no aguantan más los reajustes”, indicó.
Estigarribia compartió una curiosa anécdota sobre cómo un cliente le dijo que compraba carne de segunda para hacer su lomito: “Le pego hasta que se convenza de que es lomito”. Esto refleja la desesperación por mantener precios competitivos en un entorno donde los costos han subido considerablemente.
El costo del kilograma de lomito ha llegado a G. 75.000, mientras que otros ingredientes como ketchup, mayonesa y aceite, que se utilizan a diario, también han visto incrementos. Actualmente, un lomito se vende a G. 30.000, una opción que incluye 100 gramos de lomito, queso cheddar, verduras y huevo tipo A, considerado de mejor calidad.
Estigarribia enfatizó que la necesidad de mantener la calidad de sus productos es esencial, lo que les impide reducir costos en ingredientes básicos como el pan y los huevos que utilizan. “No podemos dejar de comprar el huevo que le gusta al cliente, ni bajar la calidad del pan”, añadió.
Con la situación actual, el futuro de muchos lomiteros se torna incierto, ya que el equilibrio entre la rentabilidad y la satisfacción del cliente se convierte en un dilema cada vez más complicado.


