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Uno de los males que siempre aparece, sin solución, es el contrabando. Lo que poco se dice al respecto, o mejor dicho nada, es que es la base de otros delitos. En suma, es el espacio ideal para el desarrollo del crimen organizado.

Pese a la vigencia de varias instituciones públicas y el grito de entidades privadas, el contrabando goza de buena salud en Paraguay. Es más, según propios datos de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), luego de la pandemia, el ilícito tuvo un crecimiento mayor en el país.

Algunos llegan a sostener, erróneamente, la idea que contrabando genera trabajo para los desempleados. Otros, interesados o no, afirman que los grandes contrabandistas no tienen relación alguna con otros mafiosos. No es así, el crimen organizado usa, las mismas rutas para mover sus mercancías, y el subempleo, guste o no, es aprovechado por las mafias.

Detrás del contrabando de algún producto que venga de los países vecinos, bien pueden estar pasando todas las especies de drogas.

De hecho, la cocaína, por citar una, no tiene una ruta única exclusiva. Solo es cuestión de observar el nivel de vida de algunos aduaneros y de quienes fungen de órganos anti contrabando, para entender la complicidad de la función pública con el citado ilícito. Con sus meros salarios no pueden justificar las mansiones y vida de reyes que tienen.

El contrabando es como el tango, se baila de a dos. Están unidos en el ilícito, los contrabandistas y los funcionarios públicos. Ni hablemos del agujero que dejan al fisco y del daño a la industria y la producción local. En medio de esos enormes perjuicios juega, en silencio y agazapados, las mafias y el crimen organizado.

/editorial la tribuna, domingo 22 de enero de 2023/


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