La decadencia moral en nuestra sociedad está provocando una corrupción desenfrenada, impulsada por la impunidad, lo que resulta en una falta de seguridad para las personas y sus familias.
En las calles, la gente no se siente segura debido a delitos como asaltos y robos. En las casas, los robos domiciliarios son frecuentes, y diariamente enfrentamos crímenes como feminicidios. Lo más alarmante es la creciente delincuencia organizada.
La muerte por encargo, impulsada por intereses de narcotraficantes, se ha vuelto algo común. La única manera de combatir y eliminar este problema en un sistema republicano y democrático es estableciendo un poder judicial independiente, con jueces y fiscales imparciales que apliquen la ley.
En Paraguay, los desafíos para lograr una justicia independiente no solo están relacionados con la influencia política y económica, sino también con el amiguismo y el padrinazgo, que afectan la elección de jueces y fiscales. Un problema grave es la formación deficiente de abogados en universidades, tanto públicas como privadas, que comienza desde la educación primaria y secundaria.
Los jóvenes eligen estudiar Derecho pensando que es una carrera fácil, pero muchas veces no se esfuerzan por aprender y superarse. Hoy, los estudiantes no asisten a clases ni estudian, y la excelencia no es un requisito para ejercer la profesión. Se enfocan en aprobar materias mediante recomendaciones y prácticas cuestionables.
Es crucial que los docentes asuman la responsabilidad de enseñar con ética, transmitiendo conocimientos y valores, y exigiendo que los estudiantes demuestren conocimiento al momento de aprobar. Así, evitaremos la proliferación de abogados y formaremos profesionales distinguidos en excelencia.
Concluimos que los egresados deben destacar por su calidad profesional, honrando el derecho y la justicia en Paraguay.
– Exmiembro del primer Consejo de la Magistratura y expresidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.