Rusia intensificó sus ataques contra Ucrania en la madrugada de este martes, lanzando una combinación masiva de drones y misiles pocas horas antes de la reanudación de las negociaciones trilaterales para poner fin al conflicto. Las delegaciones de Kiev y Moscú, mediadas por Estados Unidos, se reunieron en Ginebra durante más de cuatro horas para discutir, entre otros temas, la cesión territorial que ha dificultado las conversaciones hasta ahora. Las reuniones continuarán este miércoles en sesiones separadas, una de índole militar y otra política.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, manifestó que el objetivo de esta nueva ronda era abordar un abanico más amplio de cuestiones, abarcando tanto los territorios en disputa como otras demandas presentadas por Rusia. Por su parte, Rustem Umerov, jefe de la delegación ucraniana y secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, resaltó en redes sociales que su propósito es trabajar de manera constructiva y realista para avanzar hacia una paz sostenible.
Estas negociaciones, que se celebran en suelo suizo, tienen lugar a menos de una semana de cumplirse cuatro años desde el inicio de la invasión rusa a gran escala el 24 de febrero de 2022. Las reuniones actuales siguen a dos rondas previas desarrolladas en Emiratos Árabes Unidos, donde se lograron avances en aspectos técnicos militares como mecanismos de retiro, alto el fuego y control de este.
La presión internacional es evidente, especialmente por parte del presidente estadounidense Donald Trump, quien instó a Ucrania a acelerar el diálogo desde el Air Force One, enfatizando la necesidad de sentarse a negociar con prontitud. Representantes estadounidenses, incluyendo a Steve Witkoff y Jared Kushner, están presentes en Ginebra y tienen previsto mantener conversaciones con Irán esta misma semana.
No obstante, los principales puntos conflictivos siguen siendo la demanda rusa sobre el 22 % del territorio de Donetsk, parte de la región de Donbás, y el control sobre la planta nuclear de Zaporiyia, ubicada en zona ocupada por Rusia. En cambio, otros temas del documento de 20 puntos en discusión han registrado progresos, como el posible congelamiento de una parte del frente de batalla en las provincias de Zaporiyia y Jersón, la retirada rusa de ciertas áreas y limitaciones al tamaño del ejército ucraniano, además de la renuncia de Kiev a integrarse en la OTAN.
La ronda pasada en Abu Dabi culminó con el intercambio de prisioneros, el primero en cinco meses, que permitió la liberación de 157 cautivos por bando. En esta ocasión se ha planteado también la posibilidad de acordar una tregua temporal que proteja infraestructuras energéticas, clave ante la ola de frío extremo que afecta al país.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció la continuidad de los ataques rusos, calificándolos como la raíz de la agresión que impide avanzar hacia una paz justa y real. Según él, la paz exige detener las ofensivas y agresiones que Moscú sigue perpetrando.
Una novedad en estas negociaciones es la presencia de Vladímir Medinski, una figura cercana al Kremlin conocida por su perfil duro y su papel propagandístico, como jefe de la delegación rusa, en sustitución de diplomáticos de alto rango. Esta circunstancia genera escepticismo sobre los posibles resultados inmediatos, tema sobre el que Peskov advirtió que el proceso se mantendrá en sesiones cerradas a la prensa para mañana.
Mientras Estados Unidos presiona para cerrar un acuerdo antes del verano, Kiev mantiene una postura delicada, dispuesta a negociar pero insistiendo en la necesidad de garantías de seguridad firmadas que aseguren la no reanudación de la ofensiva rusa tras un posible pacto. Esta discrepancia se refleja en las declaraciones de Zelenski, quien subraya la prioridad de definir primero estas garantías antes de avanzar con el acuerdo.
En paralelo, Rusia enfrenta un creciente deterioro económico, con un sector empresarial en crisis, alta inflación y una población que destina cerca del 40 % de sus ingresos exclusivamente a la alimentación. Estas condiciones ponen al Kremlin en una encrucijada sobre continuar la guerra o buscar una salida negociada que preserve parte de sus intereses en Ucrania.
