
En la actualidad, el fenómeno del «nido lleno» desafía la noción tradicional de las crisis de mediana edad, generando un impacto notable en la dinámica familiar contemporánea.
El psicólogo Richard Salerno analiza la creciente situación en la que adultos jóvenes, principalmente aquellos mayores de 30 años, cohabitan con sus padres. Este fenómeno, denominado «nido lleno», provoca un choque entre identidades, roles y expectativas vitales.
A diferencia de lo que se pensaba sobre el «nido vacío», donde los padres enfrentan la ausencia de sus hijos y el duelo por un ciclo que termina, el «nido lleno» representa una detención en el desarrollo esperado, según Salerno. “En el primero aprender a enfrentar pérdidas, en el segundo, enfrentamos la interrupción del crecimiento”, señala.
Las razones detrás del «nido lleno» son variadas. Existen hijos que nunca alcanzaron la independencia y otros que, tras un periodo de autonomía, regresan al hogar debido a crisis económicas o personales. Ambos casos pueden dar lugar a una regresión psicológica, donde el adulto recae en conductas de dependencia mientras los padres reactivan roles de cuidado que ya deberían haber superado.
El profesional advierte sobre el riesgo de etiquetar a estos adultos jóvenes como perezosos. Resalta que es fundamental entender el contexto, donde la precarización laboral, el elevado costo de vida, la sobrecalificación académica y estilos de crianza sobreprotectores se conjugan para alimentar esta situación.
Entre los mayores desafíos que surgen del «nido lleno», se encuentra la confusión de roles. Salerno propone que es crucial establecer límites claros en la convivencia. “Definir parámetros no significa cerrar la puerta, sino preparar al hijo para enfrentar la vida adulta”, explica. Para fomentar un ambiente armónico, sugiere la creación de reuniones familiares que permitan definir aportes económicos, distribución de tareas y consecuencias ante el incumplimiento de acuerdos sin necesidad de conflictos.
Recuperar la intimidad de la pareja
Un efecto que a menudo pasa desapercibido en el contexto del «nido lleno» es el desgaste en la relación de pareja. Salerno advierte que muchas parejas dedican su atención a las necesidades de sus hijos adultos, descuidando su propia conexión emocional. “Es vital proteger los espacios privados y mantener rituales que no giren en torno a los hijos”, recalca.
Además, la culpa y el sentimiento de fracaso en los padres son reacciones comunes cuando los hijos dependen económicamente de ellos. Salerno aclara que desear que un hijo se independice no es un acto de rechazo, sino un signo de confianza. También invita a ver las crisis como oportunidades de aprendizaje, recordando que los fracasos son en realidad lecciones valiosas.
En resumen, el «nido lleno» debe ser percibido como una fase de transición y no como un retroceso familiar. Salerno enfatiza que, en medio de la incertidumbre actual, es fundamental negociar roles que mantengan el afecto sin sacrificar la responsabilidad, permitiendo así que los hijos puedan reencontrar su camino hacia la autonomía.
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