La Iglesia reitera el valor de las familias en el V Congreso Nacional de Familias Misioneras de Cristo
En el recentísimo V Congreso Nacional de Familias Misioneras de Cristo, celebrado en el Santuario de la Virgen del Paso de Itapé, se enfatizó la importancia de proteger y fortalecer los valores familiares ante un entorno social que enfrenta constantes desafíos. La congregación busca ofrecer apoyo y orientación a las familias para que puedan vivir su fe con fortaleza.
La ceremonia de apertura fue liderada por monseñor Miguel Ángel Cabello, obispo de Villarrica, quien utilizó la figura del rey David como ejemplo contemporáneo. Destacó que David es recordado no solo por ser un guerrero, sino por su profunda devoción y su disposición a regresar a Dios después de reconocer sus fallas. Este patrón de fe y humildad, según Cabello, es esencial en la vida de las familias cristianas.

El obispo manifestó su preocupación por las presiones que enfrentan las familias en la actualidad, que a menudo amenazan sus cimientos tanto humanos como espirituales. En este contexto, instó a las familias a ser valientes en su fe, aun frente a las dificultades y críticas que pueden surgir al vivir de acuerdo con el Evangelio.
Además, monseñor Cabello hizo un llamado a la restauración de los valores familiares desde el interior de cada hogar, haciendo hincapié en la importancia del testimonio de vida. Reflexionó sobre la cruenta historia de la muerte de San Juan Bautista, subrayando la falta de una familia unida y sin conflictos, lo cual resuena con muchas dinámicas familiares contemporáneas.

Durante su intervención, también destacó que los comportamientos de los adultos tienen repercusiones directas en los hijos, instando a los padres a ser modelos a seguir, más allá de la enseñanza verbal. Esto es esencial, considerando que la formación de las nuevas generaciones inicia en el hogar.
Finalmente, el obispo alentó a los asistentes a reafirmar su compromiso con valores como la fe, la esperanza y la caridad, enfatizando que las familias deben convertirse en faros de amor y vida, irradiando principios cristianos en su entorno. Concluyó invitando a todos a regresar a casa con un renovado sentido de misión y un profundo propósito de vivir el Evangelio en su día a día.
