Estados Unidos intensifica retrocesos en políticas climáticas bajo la Administración de Donald Trump
Desde enero de 2025, el Gobierno de Estados Unidos ha implementado 315 medidas que revierten las políticas ambientales promovidas por anteriores administraciones, según un informe del Centro Sabin de la Universidad de Columbia. Estas modificaciones apuntan principalmente a favorecer la producción y el uso de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, cuyos efectos sobre el calentamiento global están científicamente probados.
La Agencia de Protección Ambiental (EPA) perdió recientemente su autoridad para fijar límites a las emisiones de gases de efecto invernadero en sectores clave como la energía, transporte e industria. Además, fueron eliminados los estándares de emisiones vehiculares vigentes desde 2012. Ambas decisiones representan los últimos pasos en una estrategia gubernamental que prioriza la expansión de la industria fósil en detrimento de las energías limpias.
Este viraje se enmarca en la “Estrategia de Seguridad Nacional” presentada por la Casa Blanca a finales de 2024, que plantea la recuperación del liderazgo energético estadounidense mediante el fortalecimiento del petróleo, gas y carbón. La influencia del sector fósil en el actual Ejecutivo es evidente, reflejada en nombramientos como el secretario de Energía, Chris Wright, exdirectivo de una compañía dedicada al fracking.
Las medidas adoptadas generaron inmediata oposición de entidades políticas y de la sociedad civil. El gobernador de California, Gavin Newsom, anunció acciones legales para impugnar las derogaciones y mantener políticas climáticas estatales. Asimismo, el secretario de Estado demócrata, John Kerry, calificó estas decisiones como “antiestadounidenses”, destacando el abandono del Acuerdo de París que protagonizó Trump el primer día de su actual mandato.
Además de retirar al país de compromisos internacionales, la administración ha actuado para desmontar organismos científicos vinculados al clima y limitar la cooperación de agencias federales con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). También ha vetado proyectos de energía eólica marina y eliminado trabas para la producción fósil, medidas que subrayan la desconfianza oficial hacia la ciencia climática.
La presión externa no se limita al ámbito nacional. En el Foro de Davos, el presidente Trump instó a Europa y Reino Unido a desoír las energías renovables y criticó abiertamente las instalaciones eólicas. Mientras tanto, a nivel global, países como China lideran la expansión de tecnologías limpias y movilidad eléctrica, monopolizando buena parte de la producción mundial de paneles solares, aerogeneradores y baterías.
El impacto de estas políticas se refleja en un incremento del 2,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2025, impulsado en particular por un aumento del 13% en el uso del carbón. Sin embargo, también destaca el crecimiento récord de la energía solar, que cubrió la mayor parte de la demanda energética adicional en el mismo periodo, según analistas independientes.
El futuro de la política climática estadounidense se debate entre la continuación de la estrategia pro fósiles de la Casa Blanca y la resistencia de gobiernos estatales y del poder judicial. La comunidad internacional observa con atención cómo evoluciona la situación, en un contexto donde las energías renovables marcan la pauta global y Estados Unidos enfrenta el reto de reconciliar su desarrollo económico con la crisis climática mundial.
