La intensificación de las sanciones de Estados Unidos hacia Cuba ha profundizado la crisis económica y social que experimenta la isla, afectando significativamente la vida cotidiana de sus ciudadanos. Tras el intento fallido de la administración de Donald Trump de detener al presidente venezolano Nicolás Maduro a inicios de año, la atención se dirigió a Cuba, un país estrechamente vinculado a Caracas y fuertemente dependiente del petróleo venezolano.
Pese al bloqueo económico de más de seis décadas impuesto por Estados Unidos, las recientes medidas han buscado endurecer las restricciones, incluyendo amenazas de sanciones a terceros países que suministren combustible a la isla. Esta situación ha agravado la escasez de combustible y ha limitado la llegada de turistas, factores claves para una economía ya precaria.
Cubanos entrevistados destacan que la población vive en un contexto de supervivencia, enfrentando cortes continuos de electricidad y necesidad de trabajar en múltiples empleos para subsistir. Este deterioro económico pone a prueba la resistencia de la sociedad cubana, que por años ha padecido las limitaciones derivadas del embargo.
Osniel, un administrador de apartamentos turísticos en La Habana, ha presenciado la emigración masiva de familiares y amigos motivada por las condiciones adversas, aunque por responsabilidades familiares ha decidido permanecer en la isla. Por su parte, Mario Arrastia, un profesor jubilado de Física, sostiene que la situación actual supera incluso las dificultades del llamado Periodo Especial, vivido tras la caída de la Unión Soviética.
Ambos coinciden en que la disminución del turismo y la escasez de recursos han logrado un impacto directo en el poder adquisitivo y calidad de vida de la población, provocando una precarización generalizada. La falta de combustible no solo limita el transporte y la distribución de productos, sino que también afecta la generación eléctrica, fundamental para cualquier actividad económica.
Las perspectivas para el futuro inmediato se muestran preocupantes si no se logra un cambio en las relaciones internacionales o una liberación de los recursos energéticos, lo que podría aliviar la crisis. El equilibrio entre la presión externa y la capacidad de la isla para adaptarse será determinante para el destino del pueblo cubano en los próximos meses.
