La Conferencia de Seguridad de Múnich, que se celebra anualmente en la capital bávara entre el viernes y el domingo, se ha convertido este año en un escenario que refleja la profunda crisis en las relaciones transatlánticas. El informe previo al evento, presentado recientemente en Berlín, señala con contundencia el deterioro de la alianza entre Estados Unidos y sus socios europeos, además de advertir sobre un posible colapso del actual orden internacional.
El documento, titulado «En destrucción», denuncia que el mundo está atravesando una etapa dominada por una política de demolición, en la que las reformas moderadas han sido sustituidas por un proceso acelerado de desmantelamiento. Según los analistas de la Conferencia, la principal responsabilidad recae en la Administración estadounidense bajo el mandato del presidente Donald Trump, que, paradójicamente, es el país que instauró el sistema global surgido tras la Segunda Guerra Mundial.
El informe destaca el impacto negativo que las decisiones de Washington han tenido sobre tres pilares fundamentales que mantenían la paz internacional, basados en la filosofía de Immanuel Kant: la confianza en las instituciones multilaterales y sus normas comunes; la creencia en un orden abierto y una integración económica beneficiosa para la seguridad estadounidense; y el compromiso con la democracia, los derechos humanos y la cooperación entre países democráticos. La erosión de estos principios representa, según el texto, un ataque directo a un sistema liderado por Estados Unidos durante décadas.
Este contexto se ha evidenciado en episodios recientes que han generado profundas tensiones dentro de la OTAN, como la polémica propuesta de Trump para adquirir Groenlandia, territorio que pertenece a un aliado europeo, Dinamarca. Actos como este ponen en duda la fiabilidad de Estados Unidos como socio estratégico y socavan la cohesión en la alianza transatlántica.
La Conferencia de Múnich también resalta una creciente división global entre los actores que impulsan destrucción y aquellos que buscan reformas. El predominio de los primeros está vinculado al desencanto con las instituciones democráticas y una disminución generalizada de la confianza en la capacidad de estas para generar cambios efectivos. En este panorama, el orden internacional parece fragmentarse bajo las tensiones internas y la falta de liderazgo consensuado.
Aunque este no es el primer momento disruptivo en la historia de la alianza euroamericana, la gravedad del diagnóstico y la crudeza del informe reflejan un punto de inflexión. La Conferencia fungirá como un espacio para evaluar los daños ocasionados y debatir sobre las posibilidades reales de reestructuración del sistema global, incluso cuando la certidumbre sobre el compromiso estadounidense es cada vez más incierta.
Con la presencia del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en Múnich, se espera que la cita permita medir el estado de las relaciones transatlánticas y, quizás, marque el inicio de un proceso para afrontar los desafíos de un mundo en transformación. Sin embargo, el informe proyecta un panorama pesimista donde, por ahora, prevalece un «mundo de ruinas» ante la ausencia de respuestas eficaces y conjuntas.
