El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta una nueva crisis en su equipo de trabajo tras la dimisión de su director de comunicación, Tim Allan, apenas un día después de la salida de su principal asesor y jefe de Gabinete, Morgan McSweeney. Allan, que asumió el cargo en septiembre pasado, ha justificado su renuncia alegando la necesidad de «construir un nuevo equipo» en Downing Street, la residencia oficial del primer ministro.
La salida de Allan se produce en un momento delicado para Starmer, que ha visto caer considerablemente su popularidad desde que asumió el liderazgo. Su estrategia comunicativa estaba confiada precisamente a Allan, cuya experiencia previa incluye trabajos con el ex primer ministro Tony Blair. La turbulencia actual está vinculada al escándalo que protagoniza el nombramiento hace un año de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos.
Mandelson, veterano político laborista, fue cesado en septiembre tras revelarse su cercanía con Jeffrey Epstein, conocido criminal. Sin embargo, nuevas acusaciones respecto a esa relación han revivido la polémica, poniendo en entredicho el juicio del propio Starmer por aprobar el nombramiento. McSweeney asumió públicamente la responsabilidad de impulsar dicha designación, con la intención de limitar el daño reputacional al primer ministro.
En un comunicado dirigido al equipo de Downing Street, Starmer ha insistido en que la política debería funcionar como una fuerza positiva y ha reafirmado su compromiso de avanzar a pesar de las renuncias. “Debemos demostrar que la política puede ser una fuerza positiva. Creo que sí. Creo que lo es”, señaló, buscando transmitir confianza de cara a la coyuntura actual.
La oposición no ha tardado en reaccionar. Kemi Badenoch, líder del Partido Conservador, calificó la situación de “insostenible”, mientras que John Swinney, jefe del Gobierno escocés, interpretó las dimisiones como un reflejo de la vulnerabilidad del primer ministro. En contraste, Jacqui Smith, secretaria de Estado de Igualdad y aliada del dirigente laborista, afirmó que Starmer está plenamente decidido a continuar con su mandato, tras ganar las elecciones generales con mayoría absoluta en julio de 2024.
Para intentar recomponer su posición, Starmer se reunirá esta tarde con los diputados de su partido en la Cámara de los Comunes, un encuentro clave para afianzar el respaldo parlamentario que necesita para mantener intacto su liderazgo en un momento de creciente presión política.
Así, el primer ministro enfrenta una prueba crucial que marcará la estabilidad de su gobierno, mientras intenta gestionar las consecuencias internas y externas del escándalo que ha desatado cuestionamientos sobre el asesoramiento y las decisiones tomadas en su círculo más cercano.
