El presidente Donald Trump ha intensificado sus declaraciones y acciones en torno a las elecciones de medio término que se celebrarán en Estados Unidos en noviembre, generando preocupaciones sobre posibles intentos de interferencia electoral. Las inquietudes surgen tras una serie de mensajes y movimientos que recuerdan su polémica estrategia durante las presidenciales de 2020, cuando cuestionó la legitimidad del proceso electoral tras su derrota.
Las encuestas recientes reflejan una caída en la aprobación del mandatario, con un índice que ha descendido al 41%, afectado principalmente por la percepción negativa sobre la economía y la inmigración, dos temas clave en el discurso de Trump. Este escenario ha alertado al Partido Republicano, que teme perder el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, donde actualmente posee una estrecha mayoría.
Analistas republicanos reconocen que la narrativa económica y los temas de salud pública colocan en ventaja a los demócratas para las próximas elecciones legislativas. De obtener la mayoría en el Congreso, los demócratas podrían frenar considerablemente la agenda presidencial y abrir la puerta a un posible proceso de destitución, una amenaza que genera inquietud entre los seguidores del mandatario.
En su afán por asegurar una victoria, Trump ha impulsado iniciativas para modificar mapas electorales en estados republicanos para favorecer a su partido, además de promover la aprobación del proyecto de ley conocido como Save Act, que restringiría el voto por correo y exigiría la prueba de la nacionalidad al votar, pese a que ya existen mecanismos para evitar que extranjeros participen en las elecciones.
La retórica del presidente se ha endurecido ante el temor de una derrota. Ha sugerido la posibilidad de “cancelar” o “nacionalizar” la organización de las elecciones en varios estados, propuestas que contravienen la Constitución estadounidense, que otorga a los estados el control de los procesos electorales. También ha insinuado que podría no aceptar resultados adversos si considera que no son “honestos”.
Influyentes aliados de Trump, como Steve Bannon, han avivado la tensión al reclamar la presencia de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) cerca de los centros de votación, una medida que la Casa Blanca no ha descartado completamente, lo que ha generado alarma en la oposición y entre defensores de los derechos civiles.
Por otra parte, el Departamento de Justicia ha tomado medidas sin precedentes, como la incautación de votos en Georgia para investigar posibles irregularidades en la elección de 2020, una acción inusual que ha sido vinculada directamente con el presidente. Además, el FBI ha convocado a altos funcionarios electorales estatales para coordinar los preparativos electorales, en un contexto marcado por la desconfianza y la polarización.
Mientras tanto, los demócratas continúan mostrando signos de fortaleza en elecciones especiales recientes, incluso en distritos tradicionalmente favorables a Trump, lo que sugiere un posible cambio en el panorama electoral. Esta situación ha llevado a voces republicanas a recomendar un retorno a los focos tradicionales de la campaña, como la economía y la inmigración, para mejorar sus perspectivas de cara a noviembre.
