Estados Unidos e Irán retomarán este viernes las negociaciones en Omán, en un contexto marcado por profundas divisiones sobre los temas a tratar y una atmósfera de tensión militar. La reunión, que ha sufrido cambios en su formato y ubicación durante la última semana, busca avanzar en una posible distensión tras meses de confrontación y amenazas abiertas.
Las conversaciones se centrarán en la cuestión nuclear, área en la que Irán quiere limitar el diálogo, mientras que Estados Unidos insiste en abordar también el programa de misiles iraníes y el apoyo de Teherán a grupos armados en Oriente Medio. Este conflicto multitemático dificulta llegar a un consenso, en un momento en que la flota estadounidense permanece en alerta cerca del territorio iraní, dispuesta a responder ante cualquier provocación.
Inicialmente, la reunión se había previsto celebrarse en Estambul con la participación de mediadores como Turquía, Egipto y Catar. Sin embargo, Irán rechazó este formato, optando por retomar las negociaciones indirectas en Mascate, capital de Omán, bajo supervisión omaní. Este cambio generó descontento en Washington, que llegó a cancelar provisionalmente la cita.
La presión de gobiernos árabes y el interés en evitar un nuevo conflicto armado en la región propiciaron que Estados Unidos reconsiderara su postura. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, destacó la importancia de mantener el proceso diplomático abierto y no «arrastrar a la región al caos». Erdogan también señaló la posibilidad de ampliar el diálogo a más países para aumentar su eficacia.
Sobre el contenido de la negociación, una propuesta presentada por los mediadores contempla que Irán suspenda el enriquecimiento de uranio durante tres años y reduzca su nivel a un 1,5%, además de transferir a un tercer país los 400 kilos enriquecidos al 60%, un nivel cercano al necesario para armas nucleares. También se pide a Teherán limitar el uso de misiles balísticos y cesar el apoyo a grupos armados como Hezbolá y los hutíes. A cambio, se ofrecería un tratado de no agresión con Estados Unidos.
No obstante, Irán condiciona cualquier acuerdo a la eliminación de sanciones internacionales, reclamando el retorno al acuerdo nuclear de 2015, del que Washington se retiró en 2018 durante la presidencia de Donald Trump. Por su parte, Estados Unidos demanda un compromiso más amplio que incluya la reducción del arsenal de misiles, el cese del respaldo a organizaciones consideradas terroristas y respetar los derechos humanos internamente.
Las diferencias internas en Irán también añaden complejidad al proceso. Algunos sectores dentro del régimen interpretan las negociaciones como una amenaza a la soberanía nacional y ponen en duda la disposición a renunciar a capacidades consideradas defensivas. La Guardia Revolucionaria y el líder supremo, Ali Jameneí, han reafirmado la voluntad de resistir ante amenazas extranjeras, principalmente de Estados Unidos e Israel.
Esta nueva ronda de conversaciones ocurre en un clima regional y global altamente volátil, donde la diplomacia enfrenta retos cruciales para evitar una escalada bélica. El futuro del diálogo dependerá de la capacidad de ambas partes para encontrar puntos de acuerdo en un escenario marcado por la desconfianza y las exigencias contrapuestas.
