El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener sin cambios los tipos de interés en su primera reunión del año 2026, prolongando así una pausa que acumula cinco sesiones consecutivas. La entidad, presidida por Christine Lagarde, mantiene los tipos en el 2%, confiando en que este nivel es adecuado para mantener la inflación cerca del objetivo del 2% a medio plazo. Actualmente, la inflación en la zona euro se sitúa en un 1,7%, ligeramente por debajo del objetivo establecido.
Esta decisión llega en un contexto donde no se han presentado nuevas previsiones económicas, que se esperan hasta marzo, y con una relativa calma en los mercados. El crecimiento económico de la eurozona se mantiene sólido, impulsado principalmente por la demanda interna, con un avance del PIB del 1,5% durante 2025 y una tasa de desempleo que ha alcanzado su nivel más bajo, el 6,2%. El BCE atribuye esta fortaleza al bajo desempleo, la salud financiera del sector privado, la ejecución gradual del gasto público en defensa e infraestructuras, y los efectos positivos de anteriores reducciones en las tasas de interés.
El ambiente económico muestra signos de estabilidad, pero con un cambio en el enfoque del riesgo que preocupa a la entidad. El temor ya no se centra tanto en una inflación elevada, sino en la posibilidad de que ésta caiga demasiado, acercándose al estancamiento o incluso a la deflación. Factores como la bajada en el precio del gas natural, que influye en las tarifas eléctricas, y la depreciación del dólar frente al euro, son elementos que alimentan esta preocupación y respaldan la postura de los miembros del BCE favorables a una política monetaria más acomodaticia.
La deflación, aunque aún distante, representaría un escenario desfavorable para la economía, ya que podría generar un círculo vicioso de retraso en las compras, congelamiento salarial y debilidad tanto en el consumo como en la inversión. Las últimas estimaciones del BCE proyectan una inflación del 1,9% para este año y del 1,8% para el siguiente, lejos de los niveles negativos observados durante la pandemia. Sin embargo, la reciente caída de los precios en algunos países, como Francia, donde la inflación se redujo al 0,4% en enero, pone en alerta a la institución.
Adicionalmente, existen riesgos externos que podrían influir en esta dinámica. La posibilidad de una mayor devaluación del dólar, especialmente si la Reserva Federal estadounidense adopta una política de reducción de tipos de interés bajo el nuevo liderazgo tras Jerome Powell, podría presionar a la baja la inflación europea. Este factor alimenta la especulación sobre un eventual reajuste en la política monetaria del BCE.
En el mercado financiero, el euríbor, indicador clave para los tipos de interés en la eurozona, ha iniciado una ligera tendencia a la baja, interrumpiendo su racha de incrementos en enero. Este movimiento refleja una creciente expectativa de posibles recortes futuros, aunque todavía de manera muy tenue. Por ahora, el marco previsto para 2026 indica una continuidad en la política de tipos estables, sin cambios significativos en el corto plazo.
Christine Lagarde ofrecerá una rueda de prensa a partir de las 14:45 horas para aclarar las decisiones del BCE y responder a las inquietudes surgidas en el mercado. La entidad mantiene una postura cautelosa, adaptándose a un entorno económico que muestra signos de estabilidad, pero también nuevas incertidumbres respecto a la evolución de la inflación en la eurozona.
