A veinte días para que se cumplan cuatro años desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en Ucrania, representantes de las partes en conflicto, con Estados Unidos como mediador, retoman negociaciones en Abu Dabi con el objetivo de avanzar en una solución pacífica. Estas conversaciones se reanudan tras una nueva ofensiva rusa dirigida contra la infraestructura energética ucraniana, que ocurrió a pesar de un acuerdo temporal para cesar los ataques.
El presidente estadounidense, Donald Trump, había anunciado un compromiso con el mandatario ruso, Vladímir Putin, para suspender los bombardeos sobre infraestructuras energéticas ucranianas durante una semana. Sin embargo, la vigencia y términos exactos de este ceso no quedaron claros, dado que los ataques se reanudaron antes de la fecha prevista inicialmente, generando interpretaciones distintas sobre el cumplimiento del acuerdo.
En Ucrania, la población se mantiene resiliente frente a las adversidades provocadas por el invierno y los cortes constantes en servicios básicos como electricidad, agua y calefacción. Pese al desgaste, un porcentaje significativo de la ciudadanía manifiesta su disposición a soportar la guerra mientras sea necesario, aunque la confianza en la pronta finalización del conflicto sigue siendo baja, según estudios recientes del Kyiv International Institute of Sociology.
Las negociaciones en Abu Dabi contemplan esta vez un enfoque técnico más profundo, tras una ronda previa catalogada como constructiva. Las delegaciones, conformadas por representantes de Estados Unidos, Ucrania y Rusia, buscan consolidar mecanismos para la retirada de tropas, supervisión y procedimientos operativos, pasos vitales para avanzar hacia un eventual acuerdo político.
Una propuesta clave en el proceso es el plan de paz elaborado con participación estadounidense y rusa, que contempla la congelación de ciertas líneas de frente y la reducción de fuerzas militares en el territorio ucraniano. No obstante, el tema de la cesión territorial en la región del Donbás continúa siendo un punto crítico y sin consenso, ya que Ucrania rechaza cualquier entrega de estas áreas estratégicas y socialmente sensibles.
Washington ha mostrado cierto apoyo a la propuesta rusa sobre Donbás, sugiriendo incluso que las zonas controladas por Ucrania se conviertan en áreas desmilitarizadas. Por su parte, Kiev insiste en una equivalencia territorial en cualquier eventual cesión y mantiene desconfianza hacia Moscú en el cumplimiento de estas condiciones.
Aunque los países europeos no participan directamente en la mesa de diálogo, su papel en las garantías de seguridad para Ucrania es crucial. El plan de los aliados incluye un sistema escalonado de respuestas ante posibles violaciones al acuerdo, que involucra desde advertencias diplomáticas hasta la intervención de fuerzas de voluntarios y, eventualmente, despliegue militar estadounidense con soporte tecnológico avanzado para monitorear el alto el fuego en la extensa línea del frente.
