El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) de Argentina enfrenta una crisis interna tras la sorpresiva renuncia de su director, Marco Lavagna, quien abandonó el cargo sin ofrecer explicaciones, aunque las tensiones se vinculan con la postergación indefinida de la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Esta actualización había sido largamente esperada, pues prometía reflejar de manera más precisa los patrones actuales de consumo de la población argentina.
El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que el relevo en la dirección del Indec respondió a diferencias con el presidente Javier Milei, así como a desacuerdos sobre el momento oportuno para introducir una canasta de consumo renovada en el IPC. Caputo justificó el aplazamiento en la necesidad de consolidar un proceso de deflación antes de modificar la referencia estadística, minimizando el impacto del retraso en la actualización del índice.
Fuentes del mercado y analistas externos advierten que el índice pendiente presentaría una inflación más elevada que la oficial vigente, situación que podría complicar la gestión del Ejecutivo, que aspira a cerrar el año con una inflación cercana al 10,1% según el Presupuesto aprobado. No obstante, la proyección generaliza es que la inflación superará el 20%, lo que reflejaría una realidad más dura para la economía nacional.
La actualización del IPC contemplaba la adopción de una canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, reemplazando la desfasada canasta de 2004 que aún domina la medición actual. Este cambio buscaba una representación más equilibrada, especialmente aumentando el peso de los servicios, entre ellos luz, gas, agua y transporte, cuyos costos se han disparado notablemente después de la reducción de subsidios.
Desde la llegada al poder de Milei, el combate a la inflación ha sido una prioridad central, con medidas severas de austeridad que han reducido drásticamente el gasto en jubilaciones, salarios públicos y servicios básicos. Estas políticas lograron una significativa baja en el índice anual, que pasó del 211% en 2023 a aproximadamente 31,5% en 2025. Sin embargo, la inflación mensual sigue siendo resistente a descender por debajo del 2%, dificultando el cumplimiento de los objetivos oficiales para este año.
Los conflictos entre el gobierno y Lavagna se extendieron también a la medición de aspectos económicos sensibles, como la balanza turística y los gastos argentinas en el exterior, temas que generaron críticas desde sectores oficiales, incluido el secretario de Turismo, Daniel Scioli. Estas diferencias anticiparon la salida del economista, que deja un Indec en situación delicada.
Con la designación de Pedro Lines, exsubdirector de Lavagna, al frente del organismo, se abre un período de incertidumbre para la credibilidad de las estadísticas argentinas, especialmente en un contexto donde la confianza pública en la información oficial ha sido minada en el pasado. El Indec deberá no solo actualizar metodologías sino también recuperar autoridad frente a sectores internos molestos por condiciones laborales y salarios modestos dentro del instituto.
