Laura Fernández se convierte en la nueva presidenta de Costa Rica tras ganar las elecciones generales en primera vuelta, según reportó el Tribunal Electoral con más del 80% de las actas escrutadas. La candidata del Partido Pueblo Soberano (PPS), partido del actual presidente Rodrigo Chaves, obtuvo un 50% de los votos, superando ampliamente a sus rivales en unos comicios que mostraron una alta participación cercana al 66%, un dato significativo en un país marcado históricamente por el abstencionismo.
Fernández, de 39 años, reafirmó en su discurso de victoria su compromiso con la continuidad del cambio impulsado por el gobierno actual, enfocándose en fortalecer las instituciones y devolver la soberanía al pueblo. Destacó la transición política como pacífica y democrática, aunque no evitó críticas hacia la oposición, a la que calificó de “caníbal”. A la vez, prometió un gobierno basado en el diálogo, el respeto al estado de derecho y la reforma de leyes obsoletas, afirmando su rechazo rotundo al autoritarismo.
Durante su intervención, la presidenta electa también arremetió contra la prensa, subrayando la importancia de la libertad de expresión pero cuestionando prácticas que, a su juicio, convierten a algunos medios en instrumentos de presión y chantaje para intereses particulares. En contraste, defendió el periodismo como un servicio público que debe ceñirse a principios de veracidad y responsabilidad.
Las elecciones mantuvieron la tradición democrática del país, con largas filas para votar desde la apertura de los centros y una jornada marcada por el entusiasmo ciudadano pese a condiciones climáticas adversas en San José. Tras conocerse los resultados, miles de simpatizantes salieron a celebrar en las calles con banderas y bocinas, evidenciando un profundo orgullo por la participación y el proceso electoral.
Expertos en política costarricense señalan que esta victoria representa un fortalecimiento significativo de la derecha y la posibilidad de consolidar un gobierno con control institucional amplio. Alberto Cortés, coordinador de la Cátedra Centroamérica de la Universidad de Costa Rica, advierte que el Ejecutivo podría alinear la Asamblea Legislativa y presionar al Poder Judicial, lo que abre la puerta a reformas estructurales como la reelección presidencial continua, actualmente prohibida en el país.
No obstante, también se prevé que el nuevo gobierno enfrente desafíos considerables, entre ellos, gestionar un programa de reformas económicas y fiscales que podrían generar movilizaciones sociales y tensiones. Además, la dinámica entre Fernández y el presidente Chaves, figura central en la campaña y con mayor popularidad, será una variable crucial en la gobernabilidad durante los próximos años.
Esta elección marca un cambio profundo en la cultura política costarricense, modelada por el desencanto social, el desgaste de los partidos tradicionales y una demanda de transformación que ha impulsado el auge de liderazgos antisistema y confrontativos. Para analistas como Ronald Alfaro, coordinador del Centro de Investigación y Estudios Políticos, el verdadero impacto del cambio dependerá de cómo se configure la Asamblea Legislativa, clave para la viabilidad de modificaciones sustantivas en el sistema político nacional.
