Noruega enfrenta un juicio sin precedentes que involucra a Marius Borg Høiby, hijo de la princesa Mette-Marit, quien deberá responder a 38 cargos que incluyen violaciones, amenazas y maltrato, desatando un intenso foco mediático y un desafío para la monarquía del país. El proceso se inicia este martes 3 de febrero en el Tribunal del Distrito de Oslo y está programado para extenderse hasta mediados de marzo.
Borg Høiby, de 29 años, ha reconocido algunos hechos relacionados con violencia y tráfico de drogas, pero niega las acusaciones más graves. Entre los delitos imputados figuran cuatro violaciones, maltrato a parejas, acoso a la policía y grabaciones ilícitas, según la policía que ha identificado a múltiples víctimas. A pesar de su vínculo de sangre con la familia real, aclaraciones oficiales han confirmado que no forma parte activa de la monarquía ni goza de derechos dinásticos.
La relevancia mediática del caso es notable, con cerca de 200 periodistas acreditados para cubrir el juicio. Este caso ha puesto en entredicho la imagen y la confianza pública en la monarquía noruega, una institución tradicionalmente valorada por su cercanía y legitimidad. Encuestas recientes reflejan una caída en la confianza ciudadana, con casi un 45% de la población adoptando una postura más negativa respecto a la casa real en el último año.
En el contexto de esta crisis, el rey Harald y la princesa Mette-Marit han emitido mensajes públicos. El rey manifestó su solidaridad hacia las víctimas y familias afectadas, mientras que Mette-Marit hizo énfasis en las críticas recibidas por el manejo parental de la situación, subrayando la complejidad emocional que enfrenta como madre. La princesa, además, ha estado relacionada indirectamente con recientes controversias debido a filtraciones de comunicaciones con figuras controvertidas del extranjero, intensificando la presión sobre la familia real.
Pese a las turbulencias, la familia real ha optado por mantener un perfil discreto, evitando mayores declaraciones públicas. El príncipe heredero Haakon ha reafirmado públicamente que Marius no tiene estatus formal en la casa real y ha pedido respeto al proceso judicial, además de expresar su preocupación por quienes resultarán afectados. Se confirmó que ni el príncipe ni su esposa asistirán a las audiencias.
Especialistas en realeza señalan que esta crisis obliga a la monarquía noruega a buscar renovarse y fortalecer su imagen pública. La participación más activa de las generaciones jóvenes, como la princesa Ingrid Alejandra y el príncipe Sverre Magnus, es vista como una estrategia clave para recuperar apoyos y promover una imagen fresca y positiva.
El juicio y las circunstancias que lo rodean constituyen un momento crítico para la monarquía noruega, que enfrenta el desafío de equilibrar la justicia y la estabilidad institucional mientras lidia con casos personales complejos que han capturado la atención nacional e internacional.
