En la histórica basílica barroca de San Lorenzo in Lucina, ubicada en el corazón de Roma y muy próxima al Parlamento italiano, se ha generado una inesperada polémica tras la reciente restauración de una capilla dedicada a las almas santas. En uno de los frescos que adornan el monumento funerario del último rey de Italia, Humberto II, apareció la imagen de un querubín que guarda un notable parecido con Giorgia Meloni, actual primera ministra del país y líder del partido de derecha Hermanos de Italia.
La figura angelical sostiene un pergamino con el mapa de Italia y forma parte de un conjunto pictórico que custodia un busto de mármol del monarca, acompañado por la inscripción “Cristianamente resignado a la voluntad divina”. El descubrimiento fue reportado inicialmente por el diario La Repubblica, que mostró fotografías comparativas evidenciando el parecido entre el querubín y Meloni. La propia primera ministra reaccionó con humor a través de sus redes sociales, descartando que se parezca a un ángel.
El responsable de la restauración, Bruno Valentinetti, de 83 años y sacristán de la parroquia, confirmó ser el autor del fresco. No obstante, negó que la figura estuviera inspirada en Meloni y rechazó afinidades políticas con ella. En una declaración, apuntó que no votó por la actual presidenta del Gobierno y se mostró sorprendido por la asociación, especialmente tras revelarse que figuró en listas electorales de un partido neofascista en 2008 sin su consentimiento.
El párroco de San Lorenzo in Lucina, Daniele Micheletti, admitió desconocer la imagen hasta que fue informado por los medios. Aunque confirmó que la intervención pictórica no estaba bajo el control de la Superintendencia de Bienes Culturales por tratarse de arte moderno, opinó que la representación no implica ningún juicio moral sobre Meloni. Destacó además que los ángeles simbolizan almas en el purgatorio y negó cualquier intención de equiparar a la primera ministra con una figura santa.
La controversia escaló rápidamente al ámbito político y eclesiástico. Fuentes del Vaticano expresaron su sorpresa ante la situación, mientras el principal partido de la oposición, el Partido Democrático, calificó la obra de “inaceptable” y solicitó la intervención urgente del Ministerio de Cultura. A su vez, el movimiento de izquierda AVS denunció la pintura como “un culto a la personalidad reminiscentes del fascismo”. En contraposición, Hermanos de Italia minimizó las críticas, calificándolas de “delirio místico” y atribuyendo la polémica a una obsesión de la oposición hacia Meloni.
El sacerdote Micheletti intentó rebajar la tensión generada, afirmando que la obra fue realizada como parte de una restauración necesaria por problemas de humedad en la capilla. Añadió que está dispuesto a retirar la pintura si la opinión pública lo demanda, sugiriendo que esperará a los resultados electorales para calibrar la reacción social. Asimismo, hizo un paralelismo con obras consideradas polémicas en el pasado, como las de Caravaggio, e insistió en que la presencia del busto de Humberto II no significa que la parroquia adopte posiciones políticas específicas.
Finalmente, Valentinetti explicó que el diseño original del querubín, según él, ya tenía rasgos similares a Meloni, aunque desconoce quién fue el autor de aquel boceto inicial hace más de dos décadas. Además, recordó su trayectoria como restaurador, incluyendo trabajos para el expresidente del Consejo Silvio Berlusconi, subrayando que su dedicación a la parroquia de San Lorenzo in Lucina es voluntaria y motivada por gratitud. La polémica continúa abierta, con debates sobre la relación entre arte, política e identidad nacional en uno de los espacios religiosos más emblemáticos de Roma.
