Más de 200 personas fallecieron tras el colapso de una mina de coltán en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC), en un accidente atribuido a las fuertes lluvias y deslizamientos de tierra. El derrumbe ocurrió durante la madrugada en un yacimiento situado en la provincia de Kivu del Norte, cerca de Rubaya, según informaron autoridades locales este viernes.
La mayoría de las víctimas eran mineros artesanales, incluyendo mujeres y niños, entre quienes también se encontraban vendedores del mercado cercano. Además, al menos 20 personas resultaron heridas y recibieron atención médica en centros sanitarios de la zona y en la ciudad de Goma, la capital provincial. Las condiciones del terreno, fragilizadas por la temporada de lluvias, habrían provocado el colapso mientras numerosos mineros trabajaban en los pozos del yacimiento.
El gobernador de Kivu del Norte, Bahati Musanga Eraston, designado por el grupo rebelde M23 que controla gran parte de la región, se trasladó al lugar del siniestro para mostrar apoyo a las familias afectadas y anunció medidas para reducir riesgos futuros, entre ellas la evacuación de viviendas en zonas peligrosas y la prohibición del acceso de mujeres embarazadas y menores a las explotaciones mineras.
Este trágico suceso se suma a una serie de accidentes similares frecuentes en el país. En noviembre pasado, otro derrumbe en una mina en la provincia de Lualaba cobró la vida de 32 personas. La explotación de Rubaya es especialmente relevante, ya que produce aproximadamente mil toneladas métricas de coltán anuales, representando cerca del 50% de la producción nacional y el 15% a nivel mundial.
El control rebelde de estas minas desde abril de 2024 ha generado preocupaciones internacionales sobre la explotación ilegal y el contrabando del mineral hacia países vecinos, principalmente Ruanda. Informes de Naciones Unidas señalan el aumento de este tráfico ilícito, que financia al grupo M23 con ingresos mensuales estimados en 800.000 dólares, alimentando el conflicto armado que azota el noreste congoleño desde hace más de treinta años.
Este conflicto, vinculado al control de recursos estratégicos como el coltán, se intensificó a finales de 2024 con una ofensiva del M23 respaldada por Ruanda que resultó en la toma de importantes ciudades congoleñas. Aunque se registró un acuerdo de paz mediado por Estados Unidos en diciembre pasado, los enfrentamientos continúan, mientras ambas naciones se comprometen a facilitar el acceso a sus minerales a empresas estadounidenses en busca de estabilidad y cooperación económica regional.
