Nasry Asfura asume la presidencia de Honduras en una ceremonia austera y con baja convocatoria
Tegucigalpa, 30 de enero de 2026.- Nasry Asfura, conocido popularmente como «Papi a la orden», asumió este martes la presidencia de Honduras para el periodo 2026-2030 en un acto protocolar celebrado en el Congreso Nacional de Tegucigalpa, sobrio y con una asistencia limitada. A diferencia de ceremonias anteriores, la toma de posesión se desarrolló sin la presencia de presidentes extranjeros ni una gran movilización ciudadana, reflejando un ambiente de baja euforia pública.
La ceremonia oficial reunió a unos 200 invitados entre autoridades de los tres poderes del Estado, delegados de organismos internacionales y miembros del cuerpo diplomático acreditado en el país. No obstante, resaltó la ausencia de la presidenta saliente, Xiomara Castro, quien no acudió al evento y ha calificado al nuevo Gobierno como un “gobierno de facto”, denunciando un presunto fraude electoral en las elecciones de noviembre pasado.
Durante su breve discurso, Asfura agradeció el respaldo del pueblo hondureño y reconoció de forma general a los organismos internacionales, sin emitir un saludo particular hacia la representante diplomática de Estados Unidos, pese al fuerte apoyo público que recibió del expresidente Donald Trump durante la campaña. El nuevo mandatario hizo énfasis en la necesidad de iniciar un trabajo efectivo y en la reforma para reducir y optimizar las instituciones estatales.
El acto también estuvo marcado por la no presentación del gabinete presidencial, una expectativa que no se cumplió durante la investidura. Asimismo, el discurso evitó abordar temas clave como el narcotráfico, crimen organizado y la violencia generada por pandillas, las problemáticas que mayormente afectan la seguridad ciudadana y que han sido foco de atención para la comunidad internacional.
El evento público se dividió entre el acto en el recinto legislativo y una concentración más pequeña en la calle Bolívar y el Parque Central de Tegucigalpa, espacios donde la población que asistió era inferior a la capacidad habitual y las expresiones de respaldo fueron discretas. La organización del traspaso de mando decidió reducir gastos y evitar grandes aglomeraciones, lo cual quedó evidenciado en la escasa convocatoria y la escasa duración de los actos.
El entorno de la ceremonia estuvo fuertemente protegido por la Policía Militar, en un contexto de seguridad tensa tras el reciente ataque con explosivos sufrido por la congresista oficialista Gladys López el 8 de enero. Además, episodios de tensión se presentaron días antes, cuando manifestantes que conmemoraban el Día de la Mujer fueron dispersados con gases lacrimógenos cerca del Congreso, en medio de un despliegue militar.
Al concluir la jornada, el sentimiento general fue de distanciamiento entre el mandatario entrante y la ciudadanía, evidenciado incluso en la presencia de un imitador que causó más impacto entre los simpatizantes que el propio Asfura, quien sólo realizó una breve aparición pública para agradecer al pueblo y luego se retiró rápidamente.
Con este inicio de gestión, Asfura enfrentará retos significativos en seguridad, salud y educación, en un país que atraviesa un panorama complejo y polarizado, donde la legitimidad del proceso electoral aún genera debates y cuestionamientos entre diversos sectores de la sociedad hondureña.
