
A partir de hoy comienza la Trigésima Sexta Edición de la Fiesta de la Tradición Laureleña, uno de los eventos culturales más significativos del departamento de Ñeembucú, que durante tres días presentará una extensa agenda de actividades artísticas, deportivas y tradicionales, atrayendo a residentes locales y visitantes de diversas partes del país y el extranjero.
Con motivo de los festejos, hoy también da inicio el segundo encuentro de los laureleños en el exterior, una iniciativa promovida por Mirta Vera y su hermana Eli Vera, cuyo objetivo es reunir a laureleños que han emigrado y actualmente residen en diferentes naciones.
La cita se llevará a cabo esta noche en la ciudad, con una cena y una peña musical en el Deportivo Laureleño.
Mirta Vera indicó que ya se ha notado una notable afluencia de visitantes y que el ambiente festivo se siente con gran intensidad.
“Laureles es considerada la cuna de la tradición en Ñeembucú”, subrayó, mientras señalaba que muchos connacionales regresan con un profundo anhelo por la ciudad donde nacieron y crecieron, pero que tuvieron que dejar debido a la falta de oportunidades laborales y condiciones de desarrollo.
En este sentido, confirmó la llegada de laureleños de Argentina, España y Estados Unidos, quienes compartirán el reencuentro con familiares y amigos.
La programación oficial de la fiesta comenzará mañana con el tradicional deporte turfístico en el hipódromo local, donde cuatro ejemplares competirán en carreras de 100, 200 y 300 metros.
Participarán Cupido, del stud El Escorpión de Laureles; Luciana, del stud Ñangapẽ de San Ignacio Misiones; Sin Fronteras, del stud San Jorge; y Bodoque, del stud Hermanos López, ambos de San Ignacio Misiones. La competencia, programada para las 17:00 horas, sigue siendo uno de los principales atractivos y atrae a una gran multitud.
El intendente de la ciudad, Fermin Candia (PLRA), detalló que el viernes 23 de enero, por la noche, el anfiteatro al aire libre será el escenario del festival artístico, con la participación de ballets, músicos y humoristas.
Actuarán el ballet Paraná Jeroky de Ayolas, Jeroky Pyahu de Laureles, el Dúo Quiñónez Ayala y su conjunto, Piri Folk, Tierra Noble de Pilar, Onda Bohemia, además del humor de Ka’i y Lucerito, y la presentación de Alan Salinas, conocido como “el principito del acordeón”.
El sábado 24 de enero, día central de los festejos, las actividades empezarán al mediodía con el tradicional almuerzo campestre en la plaza central, acompañadas por grupos musicales y conjuntos chamameceros de Corrientes, Argentina.
Por la noche se llevará a cabo el espectáculo taurino en el rodeo San Fermín, con la participación del torero Aldo Coronel y su cuadrilla, acompañado por Ka’i y Lucerito.
El cierre será con la gran fiesta bailable en el tinglado municipal, con las presentaciones de 11 Grados de Pilar y la reconocida agrupación nacional Refugio de Amor.
El domingo, la fiesta popular continuará desde el mediodía con asado a la estaca, sopa paraguaya y otras comidas típicas en la plazoleta del pueblo, con la actuación de la Banda Tavã’i, Dalma Ferreira y Bohemia Guaraní. Ese mismo día también se llevará a cabo la tradicional jineteada, animada por la Banda 25 y la Agrupación San Salvador.
Aparte de su riqueza cultural, Laureles alberga uno de los arroyos más cristalinos del país: el Piraguazu, un tesoro natural que durante años ha atraído a miles de turistas.
Sin embargo, hoy en día, este cauce enfrenta seriosas amenazas y está en peligro de extinción debido al avance de los agronegocios en la zona de Misiones, en la frontera con el departamento de Ñeembucú, con impactos directos sobre el agua y el ecosistema.
La ciudad de Laureles fue fundada el 23 de enero de 1790 por el coronel Joaquín de Alós y Brú y actualmente cuenta con aproximadamente 4.000 habitantes. A pesar de su historia, identidad, y potencial cultural y ambiental, la ciudad sigue siendo una de las más postergadas del departamento.
A más de dos siglos de su fundación, Laureles continúa sin caminos asfaltados y permanece aislada a 110 kilómetros de la capital departamental, Pilar, por rutas de tierra que se tornan intransitables durante la temporada de lluvias.
Mientras que la tradición atrae a los hijos que regresan del exterior y la comunidad celebra su identidad, el abandono estatal sigue expulsando a generaciones enteras y poniendo en riesgo su patrimonio natural. La fiesta es un motivo de orgullo; la desidia, una deuda que el Estado aún se niega a saldar.
