Laura Fernández se perfila como la nueva presidenta de Costa Rica tras ganar las elecciones generales celebradas este domingo en primera vuelta. Con alrededor del 31% de las actas escrutadas, el Tribunal Electoral reportó que el Partido Pueblo Soberano (PPS), agrupación política vinculada al presidente saliente Rodrigo Chaves y a Fernández, consiguió el 53% de los votos. Este resultado pone fin a una campaña marcada por una movilización ciudadana significativa, que logró reducir el alto abstencionismo característico de procesos electorales anteriores.
La participación electoral alcanzó un 66%, destacando la motivación del electorado para respaldar la continuidad del proyecto político impulsado por Chaves, quien propuso un modelo de gobierno “refundacional” con mayores atribuciones al Ejecutivo, una disminución de los contrapesos institucionales y cambios en la Constitución. Desde temprano en la jornada, las filas para votar fueron largas y persistieron pese a condiciones climáticas adversas en la capital, San José.
Especialistas consideran que este triunfo evidencia una capacidad del llamado “chavismo” para canalizar un descontento social acumulado durante más de una década, aunque advierten que eso no garantiza un control total de los poderes del Estado. Alberto Cortés, coordinador de la Cátedra Centroamérica de la Universidad de Costa Rica, destaca que el amplio margen de victoria abre la posibilidad de que el Ejecutivo impulse reformas estructurales como la reelección presidencial continua, hoy prohibida, aunque el escenario político dependerá en gran medida del resultado en las elecciones legislativas.
El analista subraya que el nuevo gobierno enfrentará retos importantes, entre ellos impulsar una agenda fiscalmente austera y limitar el empleo público, acciones que podrían provocar aumento en la conflictividad social y la movilización ciudadana, fenómenos tradicionales que han funcionado en Costa Rica como contrapesos políticos. Además, señala que la relación entre la presidenta electa y el mandatario saliente, cuyo liderazgo fue decisivo en la campaña, será un factor clave en la gobernabilidad.
Aunque Laura Fernández fue presentada durante la campaña como la continuadora del proyecto de Chaves, fuentes internas sugieren posibles tensiones en el bloque oficialista. La experiencia nacional indica la posibilidad de que Fernández busque consolidar una identidad política autónoma una vez en el poder, lo que podría impactar en la dinámica interna del partido oficialista.
El contexto socio-político que permitió la victoria oficialista es resultado de una transformación profunda en la cultura política costarricense, caracterizada por el deterioro de la movilidad social, la ampliación de brechas territoriales, el desgaste de los partidos tradicionales y una persistente asociación entre política y corrupción. Esta coyuntura favoreció el ascenso de liderazgos confrontativos y antisistema, lo que marca un punto de inflexión en la trayectoria democrática del país.
Expertos coinciden en que esta elección constituye una transición hacia un nuevo ciclo político, caracterizado por la polarización y la movilización de un descontento latente durante años. La atención se centra ahora en la composición de la Asamblea Legislativa, que definirá la viabilidad de cambios sustanciales en el sistema político y el alcance de la gobernabilidad en un país que hasta hace poco era un referente regional en estabilidad democrática.
