Un equipo forense ha logrado identificar los restos de Camilo Torres Restrepo, el sacerdote y guerrillero colombiano abatido en combate en 1966. Este hallazgo, ocurrido en el Cementerio Municipal de Bucaramanga, cierra un largo capítulo abierto desde la desaparición de uno de los pioneros de la Teología de la Liberación en América Latina. La confirmación de la identidad fue posible tras un minucioso proceso que incluyó exhumaciones, análisis forenses complejos y gestiones diplomáticas de alto nivel.
El cuerpo de Torres fue descubierto en una bóveda sin identificación dentro del panteón militar del cementerio, donde había sido trasladado en secreto en 1969. Inicialmente, tras su muerte en un combate entre el Ejército y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), sus restos permanecieron en la zona rural de San Vicente de Chucurí sin custodiarse, y poco después fueron exhumados y reubicados en Bucaramanga, en un mausoleo militar.
El procedimiento para localizar la tumba se inició en 2019, cuando el sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno solicitó la intervención de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), entidad creada tras el Acuerdo de Paz de 2016. La clave para la ubicación exacta de la bóveda fue la declaración de un sepulturero, que ayudó a los forenses a precisar dónde estaban los restos.
Uno de los principales obstáculos para la identificación fue el estado del ADN, seriamente afectado por la aplicación de formol sobre los huesos, un químico utilizado para conservar tejidos pero que provoca la degradación genética. Para superar esta dificultad, se enviaron muestras a laboratorios forenses especializados en Estados Unidos, con el apoyo de negociaciones diplomáticas entre Colombia, Cuba y EE. UU. Este último país autorizó la exhumación de los restos de los padres de Torres para comparación genética.
Camilo Torres murió con 37 años en su primer enfrentamiento armado como integrante del ELN. Su cadáver fue inicialmente enterrado en la selva y ha sido objeto de controversias y ocultamientos desde entonces. El general Álvaro Valencia Tovar, quien comandó la operación militar que participó en su muerte, ordenó en aquel momento que el cuerpo fuera sepultado en un lugar identificable y posteriormente trasladado a Bucaramanga. Sin embargo, el misterio y las versiones sobre la ubicación verdadera de sus restos se prolongaron durante décadas.
Tras este reciente hallazgo, la bóveda donde estuvieron los restos del sacerdote permanece vacía y altamente custodiada. Mientras la comunidad académica y social espera que sus restos sean recibidos por la Universidad Nacional de Colombia, institución con la que Torres tuvo una relación estrecha, persisten interrogantes sobre el significado político que podría tener esta exhumación, así como sobre el destino final de sus restos después de años de maltrato y ocultamiento.
El descubrimiento representa un avance significativo en la búsqueda de justicia y memoria histórica dentro del contexto del conflicto armado colombiano, y aporta claridad a uno de los casos más emblemáticos de desaparecidos en el país. La labor forense y la cooperación internacional han sido fundamentales para arrojar luz sobre la historia posterior a la muerte de Camilo Torres, que durante décadas permaneció envuelta en el silencio y la incertidumbre.
