El legado de Beatriz García: lucha por la tierra en Colombia

El legado de Beatriz García: lucha por la tierra en Colombia
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En Orihueca, municipio de la Zona Bananera (Magdalena), una casa destaca por su historia de paz en medio de la violencia. Beatriz Helena García Lechuga lidera desde allí el proceso El Chimborazo de la Fundación Fundapaz. Su casa, con techos de zinc y esteras, es un refugio de arte que representa la historia de la región con murales apoyados por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Conocimiento.

La historia de Orihueca se remonta a la llegada de la Sevilla Fruit Company, filial de la United Fruit Company, que trajo consigo la violencia del negocio bananero. En 1928, ocurrió la Masacre del Plátano, donde murieron más de mil personas. El municipio es un lugar de violencia histórica, pero también de resistencia y esperanza, como lo demuestran las obras artísticas de la casa de García Lechuga.

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La lucha de 112 familias en Orihueca por sus tierras en el pueblo de Chimborazo, en Pueblo Viejo, ha sido una historia marcada por la violencia paramilitar. Beatriz García Lechuga y Ligia Isabel Conrado Polo son dos mujeres que resisten y luchan por recuperar sus tierras y la paz en la región. A pesar de las dificultades, siguen adelante en busca de justicia y reparación.

La violencia en Orihueca también está ligada al negocio bananero, donde empresas como Chiquita Brands financiaron a grupos paramilitares. Recientemente, un juez ordenó a la empresa compensar a las víctimas de estos grupos en Colombia. La región ha sido escenario de conflictos armados y abusos que han dejado secuelas en la población.

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La historia de Orihueca también se entrelaza con la literatura, ya que se dice que Gabriel García Márquez tenía familia en la región. Macondo, la ciudad imaginaria de su novela, tiene sus raíces en los pueblos cercanos a Orihueca. A pesar de la violencia y el dolor, la región es un lugar de resistencia y esperanza, donde la comunidad lucha por un futuro de paz y prosperidad.

El proceso de El Chimborazo liderado por Beatriz García Lechuga busca transformar la historia de violencia en un mensaje de paz y reconciliación. A través del arte y la memoria, la comunidad de Orihueca se prepara para un futuro de recuperación y desarrollo. Las obras artísticas en la casa de García Lechuga son un testimonio vivo de la resistencia y la esperanza de un pueblo marcado por la violencia.

La historia de Orihueca es una mezcla de dolor y valentía, de tragedia y resiliencia. La comunidad lucha por recuperar sus tierras y su dignidad, mientras enfrenta las secuelas de décadas de violencia. El proceso de reparación integral colectiva liderado por Beatriz García Lechuga es un paso hacia la justicia y la reconciliación en una región golpeada por la violencia y la injusticia.

La casa de GarcIa Lechuga en Orihueca es más que un refugio, es un símbolo de resistencia y esperanza en medio de la adversidad. A través del arte y la memoria, la comunidad busca sanar las heridas del pasado y construir un futuro de paz y prosperidad. Con el apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Conocimiento, están creando un espacio de memoria y reconciliación que honra a las víctimas y celebra la fortaleza de un pueblo que se niega a ser derrotado.

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