En los últimos años, el debate alrededor del fenómeno del fascismo ha resurgido con fuerza, generando inquietud entre expertos, escritores y ciudadanos. Este renacer del término, que no debe ser utilizado a la ligera, se ha visto estimulado por acontecimientos recientes en Estados Unidos, donde se ha percibido un avance de prácticas autoritarias reminiscentes del fascismo clásico. Desde la reelección de Donald Trump hasta la actuación de fuerzas federales en ciudades como Minneapolis, múltiples señales han encendido las alarmas sobre el rumbo del país.
La intervención de agentes del ICE y la Patrulla Fronteriza, a menudo fuertemente armados y sin identificación visible, ha suscitado fuertes críticas debido a sus métodos represivos contra manifestantes y ciudadanos, algunos detenidos por aspectos como su acento o color de piel. La gravedad de estos hechos se ha visto reforzada tras incidentes fatales, incluyendo el de dos civiles que perdieron la vida en circunstancias que algunos califican como ejecuciones extrajudiciales. Estas escenas han provocado comparaciones internacionales con los grupos paramilitares que tomaron las calles en los años treinta en Europa.
Personalidades influyentes como Stephen King y Siri Hustvedt se han manifestado abiertamente, denunciando un nuevo tipo de fascismo que estaría afectando no solo a Estados Unidos, sino al mundo entero. En Europa, la presencia de agentes estadounidenses en eventos internacionales ha generado rechazo y la necesidad de aclaraciones por parte de autoridades locales, evidenciando la preocupación global por la percepción y acciones del país norteamericano.
Jonathan Rauch, periodista de prestigio, ha analizado en la revista Atlantic este fenómeno con rigor, configurando un diagnóstico que define como fascista la realidad política estadounidense contemporánea. Rauch argumenta que, pese a su resistencia inicial, la acumulación de hechos como el uso de la violencia, la deshumanización sistemática de ciertos grupos y la exaltación autoritaria del poder, justifican el uso del término fascismo para describir el escenario que se vive.
Uno de los primeros en advertir sobre esta evolución fue Robert Paxton, historiador especializado en fascismo, quien desde su experiencia y estudio detallado de regímenes totalitarios, reconoció la necesidad de aplicar esta etiqueta tras el asalto al Capitolio en 2021. Paxton, conocido por su postura crítica y sus aportes a la comprensión del fascismo histórico, sostiene que la situación actual no solo es comparable a épocas pasadas, sino que exige una respuesta urgente.
A pesar del panorama preocupante, también han emergido movimientos de resistencia masiva. En Minneapolis y otras ciudades, miles de personas han salido a las calles para defender valores democráticos y protestar contra el autoritarismo. La escritora Joyce Carol Oates recuerda que la valentía de muchos alemanes que se opusieron a Hitler resulta una inspiración para quienes hoy enfrentan un posible retroceso de libertades fundamentales.
El debate sobre si estamos presenciando una nueva oleada fascista trasciende a Estados Unidos y pone en cuestión la salud democrática global. Como señala Hervé Le Tellier en su reciente obra, los regímenes fascistas pueden instaurarse con rapidez alarmante, dejando un margen muy estrecho para la acción democrática. De esta forma, el desafío actual es mayúsculo y exige atención inmediata para preservar las libertades en el presente y el futuro.
